domingo, 3 de septiembre de 2017

CAPITULO 31 (PRIMERA PARTE)




Registro sus caricias sobre mi brazo derecho y comienzo a despertar lentamente. Me siento completamente feliz y renovada. Como si hubiese ido al spa por unas tres o cuatro horas. Todo lo que sucedió fue indescriptible, maravilloso, sorprendente. Abro los ojos y me encuentro con los suyos, está observándome y sonríe ampliamente.


–Hola. –Digo con la voz adormilada.


–Hola. –Me responde dulcemente. – ¿Cómo te encuentras?
–Cuestiona acariciando mi mejilla.


–Bien, ¿Y tú?


–Excelente.


Sonrío y muevo mis piernas ocultas debajo de las sabanas. 


Él me toma en brazos y luego hace que descanse mi cabeza en su pecho. Me acomodo mejor, así permanecemos en silencio por varios minutos. Me alegro para mis adentros y acaricio el leve bello que cubre su pecho. Beso su cuello y luego cierro los ojos de nuevo. Aún tengo sueño. Acaricia mi espalda y besa mi pelo una y otra vez.



–No te duermas. –Espeta con un melódico cantito, Pedro si que está de buen humor esta mañana. Me pregunto porque será. a sí, ya lo sé, porque tuvimos la mejor noche de sexo de todas con casi cuatros horas sin detenernos. ¡Mierda! ni siquiera yo puedo creerlo.


– ¿Qué hora es? –Cuestiono observando con el rabillo del ojo en dirección a la ventana. El día es gris y hay lluvia a fuera, pero no puedo saber en qué hora de la mañana estoy.


–Son más de las diez. –Murmura tranquilamente.


– ¿Mas de las diez? –Pregunto completamente sorprendida. 
– ¿Faltaste al trabajo?


Se ríe y besa mis labios.


–Ayer te dije que me quedaría todo el día contigo.


Sí, eso es verdad. Mientras que lo hacíamos por tercera vez, me dijo que quería quedarse conmigo y cuando lo dijo creí que sería verdad, pero estaba segura de que si me despertaba en la mañana Él no estaría a mi lado.


–No creí que hablabas enserio. –Confieso.


– ¿Por qué no? –Cuestiona frunciendo el ceño.


–Porque es obvio que el trabajo es lo más importante. –Respondo secamente. –Además, estábamos a mitad de un orgasmo. Es normal decir incoherencias. –Él busca mi mirada, pero la desvío rápidamente, hacia cualquier rincón de la habitación. No quiero que sepa que me afecta que no esté todo el tiempo conmigo, pero de cierta forma sé qué él ya lo noto.


–Mírame, Paula. –Sisea tomando mi mentón con delicadeza para que lo mire. Elevo mi rostro y luego veo una mirada llena de promesas, sentimientos y cariño que logra exterminar todo tipo de estúpidas dudas y tontas inseguridades. –Tú siempre eres lo más importante, ¿Entiendes?–Dice completamente convencido. –Eres lo más importante para mí.


Hacemos contacto visual por unos segundos, pero por más que el tiempo pase, no encuentro la manera de responder a eso, no sé qué decir y eso me hace sentir más extraña que nunca y perpleja. Yo nunca me quedo sin habla, pero con él sucede a menudo.


–Bésame. –Le ordeno en un susurro.


Es lo único que puedo decir, lo necesito, lo quiero, quiero que se quede conmigo y me siento aterrada, porque creí que esto jamás sucedería. Estoy completamente enamorada de mi esposo y eso no estaba en ninguno de mis planes. 


¿Cómo haré para resolver esto ahora? Todo se volvió un poco más complicado y aunque quiero pensar que no funcionará, sé que él también siente lo mismo. Ambos lo sentimos y solo debemos esperar el momento correcto para decirlo.


Se acerca para besarme, pero lo alejo.


–No, espera. –Le digo colocando mis manos sobre su pecho. 


–Aún no me he lavado los dientes.


Se ríe y luego niega con la cabeza levemente.


–Está bien, cielo. ¿Qué te parece si nos damos un baño y luego comemos pastel?


Sonrío ampliamente y luego me coloco a horcajadas sobre su cintura. Oh, la Paula de siempre ya despertó del todo y algo me dice que haremos mucho más que comer pastel. Él se lo buscó, ahora que resista. Quiero más.


– ¿De verdad te gustó el pastel?


–Sí. Es delicioso. –Me responde.



–Estaba pensando tomar clases de cocina. –Le informo para ver cómo reacciona. –Todos los días en la mañana, ¿Qué opinas?


Una hermosa y perfecta sonrisa se forma en sus labios y sus ojos expresan orgullo y felicidad, pero sorpresa al mismo tiempo. Sí, quiero sorprenderlo más a menudo y sé que lo haré. Soy Paula Alfonso, yo lo hago todo perfectamente bien.


–Creo que jamás creí que dirías algo así, pero me encanta que quieras hacerlo.


Suelto un gran y profundo suspiro. Es tan… perfecto.


–Sé que funcionará. –Le respondo.


–También lo creo.


–Aunque tú tendrías que pagar las clases. –Le digo entre risas. –Pero ahora que lo pienso, eres tú el que paga absolutamente todo, así que…


–Hazlo, cielo. –Musita colocando algunos mechones de pelo detrás de mi oreja. –Esteré orgulloso de lo que sea que hagas, ¿De acuerdo?


–Bien.


Oh, esta situación es extremadamente dulce y tierna, mi Paula malvada me pide a gritos ser liberada y lo hago.


Muevo mis dedos sobre su pecho y sus hombros, lo miro fijamente y luego beso sus labios castamente. Muevo mis caderas apropósito y siento su erección justo en donde la quiero. Una sonrisa malvada se escapa de mis labios, mis manos se mueven por debajo de las sabanas y lo tomo con fuerza. Él cierra los ojos y gime. Oh, sí. Me encanta verlo de esa manera. Tengo el control, siempre lo tengo.



–Paula, cariño, ¿de verdad quieres hacerlo otra vez? –Cuestiona apretando la mandíbula. Mi Paula interior se muere de la risa. Esto será muy divertido.


– ¿Por qué no? –Pregunto en un seductor susurro sobre sus labios. Tomo su miembro y lo rodeo con toda la palma de mi mano. Oh, mierda, esto es genial. – ¿No quieres que lo haga, Pedro?


–Claro que quiero.


–Es tan grande y duro… no puedo resistirme… –Siseo para provocarlo. Muerdo mi labio inferior y luego me quito las sabanas que cubren mis tetas.


Pedro me observa detenidamente y siento como su miembro se pone más duro entre mis manos. Sonrío porque me encanta ser mala, me acerco para besar sus labios, pero no lo hago. Volteo mi cara hacia otra dirección y pongo en marcha mi plan.


– ¿Quieres que lo haga? –Cuestiono una vez más.


–Hazlo, Paula. –Responde con la voz entrecortada. Oh, justo la respuesta que esperaba.


–Creo que tienes razón, ya hemos hecho mucho ayer en la noche. –Me muevo y me pongo de pie. –Voy a darme un baño. –Le informo. Parece sorprendido y creo que no le gusta que juegue de esa manera, pero ya se lo dije, siempre tengo el control.


Cruzo la habitación y antes de introducirme al cuarto de baño me volteo y veo su cara de pocos amigos.


–Paula, regresa aquí y termina lo que empezaste. –Me ordena.


Oh, sí, se enfurecerá y luego me follará a lo bestia, justo como quiero. Sonrío y le lanzo un besito, se pone de pie, corro hacia el baño antes de que me atrape y pongo seguro a la puerta. Así estaré a salvo por unos minutos.





CAPITULO 30 (PRIMERA PARTE)




Regresamos a la cocina tomados de la mano, luego de unos largos minutos de reconciliación. Sus besos me idiotizaron y la manera en la que sus manos recorrieron mi cuerpo con desesperación hizo que quiera apresurar las cosas. Quiero cortar el pastel, que lo pruebe y luego subir a nuestra habitación. Lo necesito, lo anhelo…



Tomo el cuchillo mientras que el se sienta en la silla de la barra de desayuno. Apoya sus codos sobre ella y luego me observa detenidamente. Debo recordar las instrucciones para hacerlo, no puedo leerlas ahora. Por dios, no debe de ser tan difícil cortar un pastel.


–Eres completamente hermosa. –Sisea mientras que estira su brazo y coloca un mecho de cabello detrás de mi oreja. –Jamás me cansaré de decírtelo.


Percibo como mis mejillas arden, sé que soy hermosa, pero que él me lo diga con esa dulzura y ese cariño, me vuelven extraña. No suelo sonrojarme por nada, es solo con Pedro que esto sucede. Hay mariposas en mi panza de nuevo y eso debe de ser una buena señal, debo aprovechar este tipo de momentos.


–Espera. –Me dice cuando voy a hacer el círculo en medio del pastel. Si, ya recordé como debía cortarlo. Me siento presuntuosa. Será sencillo. Todo saldrá a la perfección. –Déjame tomarte una foto.


Busca su celular en el bolsillo de su pantalón y luego lo apunta hacia mi dirección. Ya estoy más que acostumbrada a que me tomen fotografías, Pedro lo hace todo el tiempo y en solo tres días me acostumbre por completo.


–Mírame, preciosa.


Elevo la mirada hacia la cámara y sonrío. Él toma la fotografía y luego observa la pantalla táctil del celular orgulloso. Si, lo sé. Soy lo más hermosos que haya visto jamás, pero eso ya lo sabía desde antes.


–Ahora colócate el delantal.


Lo hago y luego obedezco como la buena esposa que quiero ser. Me toma todo tipo de fotografías, luego le toma un par de fotos a mi perfecta obra de arte y cruza la barra para que nos tomemos fotos, juntos. Yo lo hago encantada. Sonríe en cada una de ellas, creo que ya tiene como veinte fotografías en menos de cinco minutos. Nos besamos, foto, le abrazo, foto, me besa, foto, muecas, foto, cara seria, foto.


– ¿Estás tomando fotografías para evadir el momento de probar mi pastel? –Cuestiono fingiendo estar enfadada. Él eleva sus manos en gesto inocente y me sonríe.


–Jamás haría eso, cariño. –Espeta divertido. Tomo la cuchara de madera y golpeo su hombro, juguetona. Se ríe, luego me toma de la cintura y me coloca en su regazo. –Debe de ser el pastel más delicioso de todos.


–Pruébalo entonces. –Lo reto.


Tomo el cuchillo, hago el círculo en el centro del pastel con sumo cuidado, luego comienzo a cortar una porción. Me alcanza un platito de porcelana blanco y con la misma lámina de cuchillo lo tomo y lo coloco sobre él, como el chef me enseñó. Todo ha salido a la perfección. Observo con disimulo el interior del pastel por si acaso. Todo parece perfecto. Bizcocho, chocolate, bizcocho, chocolate, cobertura. ¡Excelente!


–Cómelo. – ordeno intentando no parecer desesperada.


Comerá mi pastel, estoy aterrada.


Él agarra la cuchara y luego observa el pastel detenidamente. Oh, que no empiece con tonterías, por favor. 


Todo está tan bien. No quiero que lo arruine. Toma un poco y luego se lo mete rápidamente en la boca con el ceño fruncido. Debo admitir que verlo es divertido. Su mala cara se suaviza y percibo como comienza a saborear. Quiero que logre percibir las diferentes texturas, me esforcé mucho porque todo fuese diferente. Si hubiese querido que sea fácil, podía batir el pastel en la licuadora y dárselo como jugo.



– ¿Qué te parece? –Cuestiono muerta de la intriga. Intento sonar segura, pero no lo logro del todo. La verdad es que estoy asustadísima. Su expresión facial no me dice nada y eso me desespera. ¿Y si el pastel no tiene sabor?


Oh, mierda. ¡Habla, Pedro!


–Creo que es el pastel más delicioso que he probado en toda mi vida, Paula. –Musita con una amplia sonrisa en su rostro. Mi pecho se hincha de orgullo y luego suelto una risita liberadora. ¡Le gustó! ¡Le gustó mi pastel!


Intento contener mis emociones, pero no lo logro, me lanzo en sus brazos y lo abrazo fuertemente.


–Oh, Pedro. ¡Acabo de hacer un pastel! –Grito eufórica. Él se ríe y me sienta sobre su regazo.


–Y es delicioso. –Me informa.


Estoy muy feliz. Si pude enfrentarme a la cocina y preparar un pastel, puedo hacer cualquier cosa. Ya nada me detendrá. Oh, si la Paula que no le teme a nada ha vuelto.


Pedro toma otro poco de pastel del plato y lo introduce en su boca. Por sus caras, puedo ver que de verdad le gusta, lo está disfrutando y eso me hace mucho más feliz. Al fin creo que encontré una actividad en la cual destacarme. Si, lo haré, tomaré más clases de cocina, la sonrisa que veo en su rostro vale cada vestido arruinado por preparado, todo esto vale la pena.


–Pruébalo. –Me dice colocando la cuchara delante de mi boca.


– ¿De verdad sabe bien? –Cuestiono dudosa. Yo lo hice y no estoy segura de que a mí me agrade.


–Sabe delicioso.



Abro la boca y él coloca la cuchara sobre mis labios, luego la mueve apropósito y la crema del pastel mancha mi boca. Sé lo que hará. Sonríe y deja la cuchara a un lado, me acuna entre sus brazos y luego me besa dulcemente. Los sabores del chocolate y la crema comienzan a mezclarse en mi boca, siento un ligero sabor extraño y sé que es mi lápiz labial. Él mueve su lengua y yo la mía. Sincronizamos excelentemente bien. Me pierdo por unos minutos y siento que me voy a otra parte. Solo somos el y yo.


Tomamos un receso y respiramos un poco. Abro los ojos y comienzo a reír. Él me observa dudoso, pero ríe conmigo sin saber la razón. Tomo su celular de encima de la mesada y luego lo coloco delante de su cara para que él lo utilice como espejo. Se observa y luego comprende porque ríe. Tiene la mitad de su cara cubierta por labial rojo. Utilizo mis dedos y comienzo a quitárselo. Observo su boca todo el tiempo, me siento completamente idiotizada y excitada… sus labios son tan…


– ¿Te gustó tu pastel, preciosa? –Cuestiona con una sonrisa. 


No puedo dejar de verlos. Se sienten suaves y me gusta besarlos todo el tiempo. Él me lo dijo, pero yo también lo admito, besarlo se ha vuelto adictivo.


–Me gustan tus labios. –Siseo acariciándolos con mi dedo índice.El ambiente ya no es divertido. Todo se volvió más intenso y especial. –Me gustan tus hombros…


Acaricio sus hombros y luego poso mi mirada sobre los primeros botones de su camisa desabrochada. Contemplo su pecho, idiotizada, paso mi dedo lentamente sobre su tórax y luego desabrocho otro botón. Me observa con detenimiento y respira un poco mas agitado que antes.


–Me gusta besarte…



Muevo mis labios y los poso sobre su cuello. Deposito un leve beso, muevo mi mano hacia el dorso de su brazo y le clavo las uñas apropósito. Me encanta hacer eso, sus músculos son duros y trabajados…


Paso mi lengua por la piel de su clavícula y luego chupo levemente. Lo veo cerrar los ojos y sonrío para mí misma. 


Sé lo que haré y nada me detendrá. Desprendo otro botón de su camisa lentamente, beso su pecho y luego repito la misma acción que realice con su clavícula. Sus manos recorren mi cuerpo y cuando una de ellas se posa en mi trasero, enloquezco. Me pongo de pie y el también, lo observo y luego me lanzo hacia sus labios. Él eleva mi vestido hacia mi cintura y aprieta mis nalgas con fuerza. 


Hago volar todos los botones de su camisa mientras que nos besamos y el sonríe. Acaricio su miembro que ya está muy dispuesto y a mi espera. Oh, sí. La Paula pervertida está más despierta que nunca.


–Sabes lo que quiero. –Siseo rozando sus labios con los míos. Estoy seduciéndolo cada vez más con el paso de los segundos, estoy a punto de tenerlo a mis pies. –Sé lo que quieres…


–Dime que deseas, Paula. –Expresa a modo de petición con la voz cargada de excitación. –Dímelo.


Ambos jugamos el juego del otro y eso me resulta de lo más divertido. Estoy muy excitada, puedo hacer lo que sea que este hombre me pida porque sé que valdrá la pena. Elevo mi pierna derecha a la altura de su cintura, ahora estamos mucho más cerca y estoy dispuesta a comportarme como una buena esposa y responder a su petición.



–Quiero que me folles. –Especifico en un leve susurro, que lo deja sin aliento. –Quiero que hagas conmigo todo lo que quieras.


Inmediatamente veo como sus ojos se encienden por completo. Es la luz verde para ambos.



Me carga a horcajadas sobre su cintura y comienza a caminar hacia no sé qué dirección. Por fin vamos a hacerlo, por fin lo tendré de nuevo dentro de mí, por fin podré disfrutar como he anhelado hacerlo desde que se marchó.


– ¡Oh, mierda, cariño! – exclama cuando hundo mis manos en su pelo y muerdo su labio inferior. Se detiene en el recibidor y apega mi espalda a la fría pared. Chillo en mi interior, el frío del muro y el calor de mi cuerpo no es una buena combinación.


–Follame, solo hazlo. –Le imploro entre jadeos. Él coloca uno de sus dedos en mi clítoris, hecho mi cabeza hacia atrás y suelto un leve gemido.


–Cumpliré sus deseos, señora Alfonso–Susurra prometedor. – voy a follarte, Paula...




sábado, 2 de septiembre de 2017

CAPITULO 29 (PRIMERA PARTE)






Estoy completamente molesta, disgustada, estoy decepcionada con Pedro y conmigo misma. Todo lo que había planeado en mi cabeza no salió como yo me lo esperaba. Quiero gritar, pero sé que será en vano. Solo debo intentar tranquilizarme. No creí que sucedería esto, pero es obvio que Pedro no cofia en mí, no tiene fe suficiente como para imaginarse que yo hice ese maldito pastel. Eso me molesta por sobre todas las cosas. A veces creo que es como mi madre, jamás haré algo bien.


Creí que todo sería diferente. Se suponía que debía cortar el pastel, él lo comería y luego iríamos a la habitación a hacer lo que tengo deseos de hacer, pero no, en cambio estoy sola en el jardín trasero sintiéndome como una completa idiota por una estúpida rabieta por causa de sus dos palabras tontas y sin sentido. Ocasionalmente creo que es en vano arriesgarlo todo, tal vez no funcionará del todo. Él no tolerará mi carácter por mucho tiempo y yo jamás pienso cambiar mi forma de ser, todo se complicará y esta situación acabará de la peor manera.


–Paula… –Murmura Pedro a mis espaldas tomándome por sorpresa.


–Vete, Pedro. – ordeno sin siquiera mirarlo. –Quiero estar sola.



Percibo que se acerca, está detrás de mí a muy pocos centímetros. Su mano toma mi brazo con delicadeza y hace que me voltee a verlo. Nuestras miradas se encuentran y noto que se siente mal, disgustado, arrepentido. Oh, sí, ahora ya sabe lo que hizo.


–Las chicas ya me lo dijeron. – Comenta implorándome con la mirada que no ignore sus palabras, pero la Paula malvada dentro de mí me dice que no debo hacerlo, que no debo dejar que sea tan fácil. No soy así, nunca lo fui y jamás lo seré.


–Paula, cariño. ¿Podemos hablar? –Me cuestiona con la voz cargada de dulzura. Mi Paula interior sonríe. Oh, sí, justo así lo quiero.


–Estoy muy molesta contigo.


Frunce el ceño.


–Lo sé. ¿Podemos hablar sobre esto? –Musita suavemente mientras que eleva mi barbilla para que lo mire. No sé qué hacer. Siento que todo el enfado se esfumó, pero no quiero hacerlo fácil. Él puede corromper mis emociones con solo una mirada y eso me asusta. Esto está creciendo muy rápido y siento que en cualquier momento ya no cabrá dentro de mí y tendré que soltarlo al mundo. Aun no estoy lista.


–Me levanté temprano, no fui de compras, arruiné tres preparados, rompí cuatro huevos en el piso, me ensucié el vestido, el cabello, casi quemo el maldito pastel, salí en busca de ese delantal, compré la manga de plástico para hacer tu crema favorita, no me detuve en todo el maldito día… –Exclamo a modo de reproche. – ¡me rompí una uña! –Grito enseñándole mi dedo meñique. Veo que sonríe, pero luego su expresión se vuelve seria. –Y tu solo me dices ‘copaste pastel’ ¡Es ridículo!


–Paula… cariño.



– ¡Estoy muy enojada!–Gruño. Él me toma entre sus brazos y luego acerca sus labios a los míos de manera completamente inesperada. Atrapa mi labio inferior, lo muerde y rápidamente comienza a devorar mi boca. Tardo unos segundos en reaccionar, pero luego me dejo vencer. A mi Paula interior no le gusta que sea tan débil, pero no me importa. Muevo mis manos y acaricio su cabello. 


Rápidamente comienzo a sentir como todo el esfuerzo por seguir enojada comienza a cesar. Ahora estoy bien.


–Lamento ser un idiota, Paula. Lamento no haberlo notado, lamento que te hayas molestado y sobre todas las cosas lamento que estas cosas sucedan por mi culpa. –Expresa tomando mi rostro entre sus manos. Con su pulgar recorre mi labio inferior y luego vuelve a besarme.


Oh, sí. Me gusta que lo haga, quiero que me bese, quiero volverme loca y perder el sentido. Siento como cada parte de mi cuerpo comienza a sentir calor. No me importa si necesito respirar, su beso me roba el aliento, pero prefiero morir en su boca a dejar de besarlo. Besa tan bien… jamás me lo había planteado de esta manera. Nuestras bocas encajan a la perfección.


–En estos últimos días, besarte se volvió adictivo, Paula. –Me confiesa y devora mis labios otra vez. Los besos parecen no tener fin, pero no me quejo, me encanta que haga esto. Cada vez estoy menos molesta. – ¿me perdonas? ¿Podrás perdonar a este tonto? –Me cuestiona señalándose a sí mismo.


Sonrío y beso la comisura de sus labios.


–Te perdono.





CAPITULO 28 (PRIMERA PARTE)






Observo mi creación casi finalizada y sonrío ampliamente. 


No puedo creer que lo hice. No puedo creer que luego de cuatro míseros intentos, al fin logré hacerlo de la manera correcta. Estoy cansada, lo admito, he sufrido por muchos minutos intentando hacer la preparación correcta, pero luego de intentarlo una y otra vez, por fin lo hice.


Mis mucamas me miran sorprendidas. Si, lo sé, tampoco se esperaban esto de mí. Ellas estuvieron todo el día limpiando mis desastres. Derramé harina por todas partes, manché la mesada con chocolate más de cuatro veces y rompí tres huevos en el suelo haciendo el preparado. Sigo siendo un desastre, pero lo bueno es que Pedro no está aquí para ver eso. Solo degustará del pastel.


Sé que le gustará mi sorpresa, es algo que jamás creí que haría. Espero que el pastel esté perfecto.



–Aquí están las fresas, señora. –Dice Andy entregándome un tazón con fresas frescas y de gran tamaño. Raramente se lo agradezco con una sonrisa. Las tomo y luego escojo una. 


La observo fijamente y luego de comprobar que es perfecta, la coloco en el centro del pastel repleto de chocolate. Miro con detenimiento mi creación y siento que aún le falta algo. 


Claro, ya lo sé. Corro al refrigerador y lo abro rápidamente. 


Es extraño, jamás había abierto el refrigerador. La heladera está cargada de porquerías que no sé para que sirvan. 


Busco el envase de crema batida, y recuerdo cuando Adrien y yo lo usamos en la cama… mmm… no, Paula, ahora no. Lo tomo y luego hago circulitos de crema batida alrededor de todo el pastel. No salieron tan hermosos como los del chef el día de ayer, pero aun así, se ve perfecto.


Miro el reloj y luego me observo a mí. Mi aspecto es desastroso. Tengo manchas de chocolate por todos lados y mi cabello está enmarañado y para nada suave. Sé que aun tengo tiempo, pero quiero sorprenderlo.


–Ordenen todo este desastre. El señor Alfonso estará de regreso en unas horas. Quiero que todo este impecable. –Le digo rápidamente a las dos chicas. Ellas asienten con la cabeza tímidamente, tomo mi celular y luego salgo de la cocina. Todo tiene que ser perfecto. Subo las escaleras y me dirijo rápidamente hacia mi habitación.


Me doy una relajante ducha, seco mi cabello, me maquillo y luego corro hacia el vestidor. No sé que ponerme y eso me desespera. Tengo cientos de vestidos, pero presiento que el que escoja para esta noche, debe de ser más que perfecto. 


Quiero impresionarlo, quiero que sea mágico.


Observo cada uno de ellos, pero ninguno logra convencerme, no tengo que ponerme. Me desespero rápidamente. Siempre visto de negro, jamás he usado otro color, a acepción del blanco o el color beige. Quiero cambiar al menos por esta noche.



Encuentro lo que buscaba. Es un vestido que no usé aun y es de color rojo. A Pedro le gusta el color rojo, me lo ha dicho muchas veces. Aprovecho y me coloco la lencería que compramos en el centro comercial aquella vez que ingreso al probador y… no, Paula, ahora no.


Intento calmarme, me visto rápidamente y luego me coloco unos tacones del mismo color que el vestido. Utilizo el lema ‘menos es más’ y no me pongo accesorio alguno. Me maquillo levemente y aplico labial rojo sangre en mis labios. 


Ellos serán mi mejor accesorio. Acomodo mi cabello y con mis dedos hago ondas en el, para que se vea más natural.


Me miro al espejo y sé que todo está perfecto. Sonrío y luego corro hacia la ventana de la habitación. Pedro acaba de llegar. Suelto un gritito y bajo las escaleras a toda velocidad. Me pongo de pie a unos cuatro metros de la puerta de entrada y espero a que baje. Oigo como la puerta del coche se abre. Hay voces y luego el ruido de la maleta de mi esposo moviéndose por el pavimento de la entrada. Mi corazón empieza a latir muy fuerte, lo extrañé, mierda que extrañé pelearme y hacer caprichitos. Al fin sé que todo tiene un sentido. Noto como el picaporte de la puerta se mueve y luego de dos segundos lo veo.


Su mirada se clava en la mia por unos segundos. Sonrío y él también. Percibo que deja su maleta con brusquedad sobre el suelo y luego corre hacia mi dirección. Acelero el paso y cuando elevo los brazos recibo su abrazo y con todas sus fuerzas me eleva por el aire y da un par de vueltas por todo el amplio recibidor. Lo oigo sonreír. Sus labios besan mis mejillas desesperadamente y sus manos acarician mi cintura. Cierro los ojos y disfruto del momento especial, romántico, extraño y dulce. Él me suelta y mis pies tocan el suelo. Mis manos acarician su cara y luego abro la boca para recibir su beso. Mi corazón parece que va a salirse de mi cuerpo, mis piernas tiemblan un poco y me siento completamente emocionada. Muevo los labios, encuentro su lengua y la acaricio con la mía. Su mano izquierda me toma con fuerza, mientras que con la otra mueve mi cabeza a su antojo y profundiza un beso que llega a ser completamente perfecto. Me siento diferente, hay mariposas en mi vientre de nuevo y se porque es. Lo extrañé, lo quiero y sé que es mucho más que eso…


–Te extrañé, mi preciosa, Paula. –Dice en un susurro. Me estrecha contra su cuerpo y me abraza fuertemente. –Te extrañé. –Repite.


–También yo. –Respondo con mi rostro oculto entre su cuello y su hombro.


–Te aseguro que la próxima vez, iras conmigo, cariño. –Vuelve a elevarme por los aires y da otro par de vueltas por el salón provocando que yo ría levemente. Beso sus labios y acaricio su cabello. Está aquí, por fin está en casa. –Por dios, mírate. –Musita observándome detenidamente. –Te ves hermosa. –Sonrío ampliamente porque mi plan resultó y luego lo abrazo. Él hunde su nariz en mi cuello e inhala mi perfume. –Me encanta, por dios, Paula, me encantas.


–Te tengo una sorpresa. -Le digo observándolo directamente a los ojos. Frunce el ceño, pero sonríe.


– ¿Una sorpresa? –Pregunta claramente sorprendido. Sonrío y asiento con la cabeza. Estoy completamente feliz de que todo esté resultando.


–Sí, hice algo que te encantará. –Le informo besando la comisura de sus labios.


Tomo su mano y en silencio lo dirijo hacia la cocina. Quiero que pruebe el pastel rápido así tenemos más tiempo para disfrutar de nuestra habitación. Oh, dios. Lo necesito. Mi Paula interior me pide a gritos un poco de sexo. Me implora desesperadamente a Pedro.


Me coloco detrás de él antes de cruzar el umbral y cubro sus ojos con mis manos. Agradezco llevar tacones altos, así puedo tener más acceso a su cara. Él sonríe y luego camina hacia el frente. Lo guio como puedo y sonrío ampliamente aunque sé que no me ve. Llegamos a la mesada y me acerco a su oreja.



–Debes abrirlos cuando yo te lo ordene ¿de acuerdo?


–De acuerdo, preciosa. –Murmura. Me aparto lentamente y observo que no haga trampa. Aun tiene los ojos cerrados y sonríe ampliamente. Sé que se muere por saber que es.


–No abras los ojos. –Le advierto nuevamente.


–No los abriré, preciosa. –Me dice para que me quede más tranquila. Tomo la otra parte de mi sorpresa y me la coloco encima. Me aseguro de que me veo perfecta y luego me paro al otro lado de la mesada enfrente al pastel. Suspiro nerviosa y luego por fin logro hablar.


–Ábrelos. –Le ordeno. Él lo hace y deposita su mirada sobre mí y el pastel. Parece más confundido que antes, pero le enseño mi delantal y creo que por fin sabe lo que sucede. Llevo un delantal blanco con un enorme corazón rojo en la parte del pecho y dice ‘Te quiero’. Si, lo sé, esa fue una excelente idea. Yo también lo creo. – ¿Y bien? –Pregunto hacia su dirección ya que no me dice nada. Parece como si algo le hubiese comido la lengua.


–Compraste pastel –Afirma.


La sonrisa de mi rostro se borra rápidamente. No puedo creer que acabe de decir eso. ¿Es tonto? ¿Se hace? No lo entiendo. Oh, mierda, ya me molesté. Esto no está para nada bien. ¿Cómo es capaz de decirme eso?


–Acabas de arruinar un perfecto momento, Pedro –Le digo secamente. Desato el moño de mi delantal, me lo quito y luego lo arrojo con furia sobre la mesada.


–Pero… ¿Qué hice ahora?


–Vete a la mierda, Alfonso – Le lanzo una de mis peores miradas y luego salgo de la cocina. Él ni siquiera se movió y tampoco intento detenerme, eso me molesto muchísimo. Me dirijo hacia la puerta trasera de la casa y en el pasillo choco con una de las mucamas.



–Señora Alfonso, lo siento.


No logro a ver cuál de las dos es, pero la coloco en su lugar de todas formas.


–Muévete, maldita sea. –Espeto empujándola hacia un lado. 


Recorro el largo corredor y luego salgo hacia las afueras de la casa. El balcón con vista hacia el jardín trasero y la piscina es el lugar perfecto para olvidarme de todo por un maldito segundo. Me acerco al barandal de piedra y luego apoyo mis codos en el, suspiro e intento tranquilizarme. Ya se me pasará…




CAPITULO 27 (PRIMERA PARTE)





–Conseguí una entrevista de trabajo, aquí en Londres. –Me confiesa, mientras que caminamos de regreso al coche con un helado entre las manos cada uno.


– ¿De verdad? –Pregunto sorprendida. Creí que solo estaba aquí de vacaciones, pero sabía que algo se traía entre manos.


–Sí, es para una importante compañía fotográfica de eventos empresariales, bodas y todo ese tipo de cosas. Es el lunes. Tengo que presentar mi portfolio y me gustaría que algunas de tus fotografías estuvieran en el. –Me informa. – Si tú quieres, claro. –Dice rápidamente.


Sonrío ampliamente. Quiere que forme parte de su portfolio y sé que lo haré, gracias a mi conseguirá el empleo, además sus fotos son talentosas, debo admitirlo.



–Entonces… ¿estás pidiéndome autorización para enseñarle a desconocidos mis fotografías? –Cuestiono con un divertido tono en mi voz. Como lo que resta de mi helado mientras que seguimos caminando hacia el coche.


–Exacto. ¿Qué dices?


Finjo pensarlo por varios segundos y luego volteo mi cabeza hacia su dirección. Parece nervioso y sé que mi silencio está matándolo, pero no seré malvada. He tenido esta idea rondando mi cabeza durante varios días y ahora se como la llevaré a cabo.


–Puedes usar mis fotos, pero tendré que pedir algo a cambio. –Le digo.


– ¿Qué quieres a cambio? –Pregunta con curiosidad.


–Quiero hacer algo especial en algún momento, algo para sorprender a mi esposo, y creo que si consigues el empleo, serías el único que podría ayudarme.


–Creo que sé lo que tienes en mente.


Sonrío y luego ambos entramos al coche. Esta vez conduzco yo. Acelero el motor y la música comienza a asonar.


–Si piensas lo que creo que piensas que quiero hacer, entonces… ¿tu respuesta es sí? –Murmuro con una traviesa sonrisa en mi rostro. – ¿Qué dices aceptas el trato?


–Claro que acepto.