miércoles, 6 de septiembre de 2017

CAPITULO 39 (PRIMERA PARTE)




En la intimidad de nuestra tenue habitación, camino alrededor de la silla en la que está sentado y acaricio su espalda desnuda.


–Creo que mereces un castigo. –Pronuncio acercándome a sus labios. Roso su mejilla con ellos y luego me aproximo a su oído. –Me has hecho enfadar. Tengo que enseñarte lecciones de buenos modales.


Él no me responde, respira agitadamente y observa cada uno de mis movimientos. Me quito lentamente el vestido que llevo puesto, dejando a la vista mi conjunto de ropa interior rojo pasión. Contemplo como sus ojos me examinan de arriba hacia abajo detenidamente, parece hipnotizado, si, ese es el efecto que quiero en él, que esté dispuesto a hacerlo todo por complacernos a ambos.


–Dime, Pedro. ¿Quieres que te castigue?



Suspira y luego niega con la cabeza. Su actitud me resulta de lo más divertida. Tampoco yo puedo creer que esté haciendo esto.


–Paula… –Pronuncia en un claro tono de advertencia que no me mueve ni un pelo. – Desata mis manos y hagámoslo de la manera habitual, por favor. –Me suplica clavando sus ojos en mí. Sonrío y luego doy un par de pasos hasta la cama.


–No tienes que moverte de tu lugar o el juego se acabará, ¿entiendes?


–Paula… –Protesta.


–Si lo haces, no habrá sexo. –Advierto señalándolo con un dedo de manera amenazante. – ¿Entiendes? –Pregunto nuevamente cambiando mi tono de voz sensual a uno de molestia absoluta. No soy muy paciente, solo quiero cumplir una fantasía, no pido demasiado.


Me volteo a verlo nuevamente y contemplo mi obra de arte. 


Está sentado en medio de la habitación con el torso desnudo, manos atadas en su espalda y una cara de excitación, confusión e intriga indescriptible. No podrá moverse de ahí. Qué bien se siente tener el poder por completo.


Tomo mi celular y enciendo el bluetooth. Selecciono la canción que deseo e instantáneamente comienza a reproducirse en los estéreos ubicados en el techo de la habitación. Aerosmith hace sonar las melodías de Crazy y hago tributo al nombre de la canción con mucho gusto.


Contorneo mis caderas de un lado a otro lentamente al ritmo de la seductora melodía. Abro los ojos para ver su expresión y la palabra excitación se encuentra grabada en cada poro de su piel. Mi dedo índice es mi cómplice, mi aliado, en esta fácil tarea, por eso lo coloco en mi boca, lo muerdo levemente y comienzo a moverlo hacia mi mentón, luego mi cuello, toco las tiras de mi sostén y me las bajo una a una lentamente, mientras que clavo mi mirada en la suya.



– ¿Quieres que me desnude? –Cuestiono poniéndome de espaldas para que pueda verme el trasero y mis largas piernas, que sé que le encantan. – ¿Quieres que lo haga, Pedro?


–Desnúdate, preciosa. –Me pide con la voz ronca. Sonrío sin que él lo vea, ya entró en el juego. Estiro una de mis piernas hacia la izquierda, me inclino hacia adelante y solo dejo que observe mi trasero. Tomo las delicadas tiritas de mi bombacha y con los pulgares de ambas manos comienzo a bajarme la ropa interior acompasadamente hasta que llega a mis tobillos. Me la quito elegantemente y luego recorro el corto camino hacia Pedro y paso la tela por su torso y su rostro. Es divertido y a él parece gustarle. Me siento como… no lo sé, es increíble lo que está sucediendo.


–Quítate el sostén. –Me pide con dulzura.


– ¿Quieres que me lo quite? –Pregunto apropósito para hacerlo esperar a un mas. Debo admitir que siento muchísimo calor y no podré soportarlo por mucho tiempo. 


Quiero lanzarme sobre él y que me folle como si no hubiese un mañana, pero si lo hago, el juego se acabaría y no quiero que acabe, al menos no ahora.


–Quítatelo, preciosa, quítatelo y hagamos esto de una vez, ya no lo soporto.


Me rio levemente, llevo mis manos hacia mi espalda y desabrocho el sostén. Lo dejo caer al suelo y cuando la canción se repite de nuevo a través de los parlantes, me vuelvo completamente loca y me siento a horcajadas sobre Pedro. Sonrío y luego devoro sus labios al ritmo de la melodía. Poso mis manos por su torso, distingo la firmeza de sus bíceps, sus respiraciones agitadas, el latir de su corazón… registro miles de cosas. Muevo mi cabeza de un lado al otro y hago que nuestras lenguas se encuentren como si no se hubiesen tocado en miles de años. Es un beso que me roba todos los sentidos, es excitante, perfecto, cargado de deseo. Es un beso de los que quiero.


Muevo mis caderas al ritmo de la música y siento su erección dura y palpable haciendo presión en mi feminidad, debajo de la fina tela de su típico pantalón negro de oficina. 


Acaricio su miembro sin separar mi boca de la suya y luego me alejo a duras penas. Recupero el aire pedido y me pongo de pie. Toco mis senos para excitarlo aun más y deslizo mi mano entera por mi vientre hasta llagar a mi monte de Venus.


–De pie. –Ordeno. Lo hace sin chistar y me mira fijamente como si intentase decirme algo en silencio. Eso parece divertirle y eso es muy bueno.


Desabrocho su cinturón, el cierre y luego meto mi mano dentro de su ropa interior. Oh, sí, justo como me gusta. Se siente tan bien… haré lo que sea con esto hoy. Me coloco de rodilla y bajo su ropa interior hasta sus tobillos. Ahora sí, lo tengo completamente entero y solo para mí.


–Paula, cariño no es necesario que lo hagas. –Susurra entrecerrando los ojos cuando lo aprieto levemente. –Cariño… –Protesta, pero es demasiado tarde. Me humedezco los labios y lo introduzco en mi boca. Pedro cierra los ojos y hecha su cabeza hacia atrás. 


Encajo su miembro dentro y fuera. No dejo de chupar ni un solo momento. Él aprieta la mandíbula y gruñe entre dientes. 


Muevo mi mano de abajo hacia arriba y viceversa, lo meto hasta el fondo de mi garganta y mantengo la respiración por unos segundos e intento evitar las arcadas. Me lo quito y luego muevo mis manos hacia el trasero de Pedro, lo aprieto y le clavo las uñas, escucho su gruñido y sonrío. Todo en el es tan duro y deseable que no puedo contenerme.


–Desátame, cariño, desátame. –Me pide en un susurro. 


Decido ser buena y lo hago. Libero sus muñecas y siento como coloca su mano derecha sobre la parte posterior de mi cabeza. Oh, quiere que siga haciéndolo y lo haré. No tengo ninguna objeción.


Chupo su miembro de nuevo y dejo que su mano guie mis movimientos una y otra vez. Adentro y afuera, dentro y fuera hasta el fondo. Me falta el aire y mi garganta se siente extraña, pero no me detendré si él no quiere. Me siento como una sucia zorra, pero es mi esposo y eso puede servirme de excusa alguna vez.


–Bien, Paula, ya cumplí tu capricho, ahora si voy a follarte. – exclama tomándome en brazos. Me suelta en la cama sin preocuparse por ser delicado. Patea su bóxer hacia algún lugar de la habitación y se coloca encima de mí. Sonrío como una enferma y espero impaciente a que coloque su miembro en el lugar preciso.


Pone sus labios sobre mis tetas y las besa incesantemente durante unos cuantos segundos, aprieta mis pezones duros y luego los moja con su lengua. Cierro los ojos y coloco ambas manos en su cabeza para guiarlo por el camino que quiero que recorra. Sus manos viajan de un lado al otro por diferentes partes de mi cuerpo. Mi espalda, mi vientre, mis piernas, mis brazos… Toca cada centímetro de mi, saborea cada parte de mi piel, me vuelve completamente loca con cada roce, con cada caricia, con cada beso y lentamente siento como caigo en su juego y me dejo llevar sin que nada más me importe.


Abre mis piernas lentamente. Se acomoda mejor y por unos segundos nos miramos a los ojos. La canción sigue repitiéndose y sé que tengo muchísimo tiempo aun para disfrutar de todo esto.


–Hazlo, Pedro. –Le suplico. Si, ahora estoy suplicando. Como cambian los roles en una habitación… –Follame, follame. –Chillo con la respiración acelerada. Él sonríe y me besa dulcemente, comienzo a calmarme y cuando pienso que nada sucederá, se introduce en mí fuertemente, hasta el fondo, haciendo que mi feminidad se adapte bruscamente a su miembro, produciendo que un gran gemido se escape de mis labios.


–Esta noche voy a hacerte gritar, Paula…







martes, 5 de septiembre de 2017

CAPITULO 38 (PRIMERA PARTE)





El coche se detiene frente al local de comida rápida y Pedro frunce el ceño. No ha dicho nada en todo el camino y lo noto completamente molesto. Sé que no le agrada mi idea, pero ya lo hemos hablado los últimos dos días y si él no quiere conocerlo entonces no me molestaré, pero no arruinaré mi amistad con Damian por celos sin sentido. La condición es que se conozcan y que Pedro decida que hará. 


Yo no me apartaré de Damian y tampoco dejaré de verlo. Es mi amigo, eso Pedro lo sabe y debe entenderlo.


–No puedo creer que esté haciendo esto. –Murmura colocando la palma de su mano sobre sus ojos. Niega con la cabeza, suelta un suspiro y luego se baja de mi coche. Lo sigo y tomo su mano hasta que entramos al lugar. Es medio día, almorzaremos con Damian y Pedro se comportará como todo un amable caballero y esposo perfecto que debe de ser o estará en graves problemas.


–Solo intenta ser amable. –Le advierto en un susurro, mientras que cruzamos el gran y amplio espacio repleto de gente mayor y niños.



–No te prometo nada. –Espeta tomando mi mano de manera posesiva. Como si alguien fuera a arrebatarme de él en cualquier momento.


Busco a Damian con la mirada y lo localizo en el mismo lugar en el que nos sentamos la primera vez que comimos en este lugar. Sonrío y dirijo a Pedro hacia allá. En mi interior mis piernas tiemblan y tengo mucho miedo de lo que pueda llegar a suceder, pero tengo confianza en que Pedro se comportará como un caballero y mantendrá la calma.


Me coloco delante de Damian y él se pone de pie. Pedro aprieta mi mano y no deja que lo abrace. Me zafo de su agarre y lo hago de todas maneras.


–Hola. –Le digo amablemente. Él sonríe, me abraza con ternura y acaricia mi espalda levemente.


–Hola, nena. ¿Cómo estuvo tu borrachera? –Pregunta sonriente.


– ¿Acaba de decirte ‘nena’? –Cuestiona Pedro acercándose a mi oreja. Por el tono de su voz sé que está molesto, puedo sentir su cuerpo tenso detrás del mío.


Me muevo incomoda y recuerdo que Pedro también está ahí. Tomo su mano, beso su mejilla y lo acerco a Damian. Que todo salga bien, que todo salga bien, eso es lo único que deseo.


–Damian quiero presentarte a mi esposo. –Murmuro de manera temerosa. Intento comunicarle que Pedro no volverá a golpearlo o algo así con la mirada y recibo una sonrisa de comprensión por su parte.


Mi esposo se coloca delante de mí de manera sobre protectora y estira su mano en dirección a Damian.


Pedro Alfonso. –Musita con frialdad. –Su esposo, el único al que ama, su príncipe azul, el amor de su vida y todo eso.


Damian sonríe incomodo.


–Lo supuse. –Responde. –Soy Damian O’connor. –Observo el apretón de manos de ambos. Es firme y cargado de seguridad. Se miran fijamente como si fuesen a matarse en cualquier momento. – me rompiste la nariz hace dos días.


–Sí. –Musita cortante. Hasta a mi me daría miedo su frialdad. – Lo recuerdo. Fue un placer hacerlo. –Rápidamente me coloco delante de Pedro y sonrío hacia Damian incomoda y avergonzada. Esto no está funcionando y empiezo a perder el control de algo que no saldrá del todo bien.


Me muevo rápidamente, sonrío y me posiciono delante de Pedro.


Pedro, cariño. –Murmuro para que se detenga.


–Descuida mi preciosa Paula. –Sisea basando mi mejilla apropósito. –Tu amigo y yo solo estamos bromeando. –Dice con sorna. Damian sonríe y se sienta en el cubículo. Yo lo hago también y Pedro se sienta a mi lado y me rodea con su brazo derecho. Me siento incomoda, más de lo que creí.


– ¿Quieres que ordenemos las hamburguesas?–Pregunta Damian colocando su cámara fotográfica a un lado.


–Eh...–No sé qué decir. No tengo hambre, pero quiero divertirme. –Claro Damian, te acompañaré. –Espeto colocándome de pie al igual que el. Pedro me retiene rápidamente y sonríe fingidamente hacia mi dirección.


–Mi preciosa Paula, espéranos aquí, amor. Yo acompañaré a tu amigo.


Me paralizo y observo de reojo a Damian que parece tan asustado como yo. No, Pedro, por favor, compórtate como alguien normal. Solo espero que lo haga, necesito estar tranquila.


–Descuida, nena tu esposo y yo iremos por la comida. –Murmura. – ¿Quieres que escoja tu hamburguesa, nena?


–Es mi esposa, yo escogeré su hamburguesa. –Interfiere Pedro con mal humor. Me rio en mi interior y me muevo incomoda. Estoy viendo un partido de tenis y a Pedro se le retuerce la mandíbula al oír que Damian me llame ‘nena’.


Los observo caminar hacia el mostrador y hacer la fila. 


Tengo la vista perfecta de ambos. Son dos polos opuestos.


Están uno al lado del otro de espaldas a mí y parecen incómodos. Pedro luce sus típicos pantalones negros y su camisa blanca que marca los músculos de su espalda y sus bíceps que hacen que me vuelva...


Oh, Paula contrólate, ahora no. Tal vez cuando lleguemos a casa...


En cambio Damian es más bajo que Pedro con sus pantalones de jean, su camisa a cuadros y su pelo alborotado hacen que se vea completamente diferente.


Damian le murmura algo a Pedro, pero estoy muy lejos y no logro oír nada. Me desespero ¿de qué están hablando? avanzan en la fila hasta llegar al mostrados, Damian escoge su comida y Pedro ordena algo que no sé que es y lo hace con sutileza y elegancia. El chico que los atiende se mueve velozmente en busca de su orden. Damian se ofrece a pagar todo, pero Pedro protesta y le entrega de su billetera dinero al chico. Finjo juguetear con el celular cuando veo que se acercan con las bandejas. Cada quien se ubica en su lugar y se ven incómodos. Debo salvar este momento, debo hacer que funcione. No quiero que Pedro se moleste y no dejaré de ver a Damian por mero capricho de mi esposo.


– ¿Que ordenaron?–Pregunto para romper el tenso ambiente.



–Ordené lo de siempre, nena y tu esposo pidió una hamburguesa simple para ti y algo más para él.


–Que bien.


–Sí, genial. –Espeta Pedro –Pero te agradecería que llamaras a mi esposa por su nombre, que es Paula y no ‘nena’ como sueles hacerlo, porque tendré que romperte la nariz de nuevo.


– ¡Pedro!–Exclamo rápidamente. –Contrólate, por favor.


–Descuida, compañero. –Sisea con despreocupación. Pedro aprieta los dientes de nuevo y yo me rio en mi interior. De verdad no me esperaba estos celos desenfrenados, pero no quiero que se pase de la raya o me molestaré. –Tu esposa y yo solo somos amigos, no es necesario que tengas esos celos excesivos.


–Porque no te…


Coloco mi mano sobre la rodilla de mi esposo y le clavo mis uñas levemente. Ya estoy molesta, se suponía que todo saldría bien, me lo prometió varias veces, le supliqué que se comportara como el caballero que es, que confiara en mí, pero no lo hace.


–Basta.


Me siento mal, no solo por mí, sino también por Damian. Él no ha hecho nada malo, nunca intentó nada y las cosas entre ambos están muy claras. Confío en él, confío en mi, pero Pedro, la persona que más quiero en la vida –Si, ya lo admití– no confía en mí. Yo confío en él, aunque a veces tenga esos ataques de celos, pero sé que jamás hará nada que pueda perjudicarnos, yo tampoco lo haré. Damian es solo un amigo, mi primer amigo real y él no lo entiende.


–Si me disculpan, me voy a retirar por unos minutos. –Digo en un murmuro apenas audible. Tengo ganas de llorar. Esto es terrible. –No me encuentro bien.


Me pongo de pie y la mirada de ambos se clava en mi rostro. 


Esto es completamente estúpido pero necesito estar sola por unos minutos. Debo decidir si tengo que seguir con esto o acabar todo aquí. No voy a soportarlo.


Pedro intenta retenerme cuando toma mi mano con delicadeza, pero la aparto rápidamente, tomo mi bolso y salgo del local. Comenzó a llover, genial, perfecto, lo que faltaba pera verme aun más patética. Cruzo el estacionamiento al aire libre, sin importarme por las gotas de agua que mojan mi cabello y mí abrigo. Entro a mi coche y me quedo ahí por unos minutos. Pensar, necesito pensar, son muchas cosas que debo analizar. Primero Pedro, mi esposo, luego Damian, mi único amigo de verdad… son dos cosas completamente diferentes, pero ambas me importan.


Tomo mi teléfono celular y observo la fotografía de la pantalla. Ambos nos vemos muy bien. Fueron hermosos momentos. Abro la galería y viajo a través del tiempo, hacía varios días atrás. Presto atención a las fotos que me tomó el día en el que regreso del viaje, siento que algo oprime mi pecho al ver nuestra foto, juntos haciendo muecas como si fuésemos adolescentes.


Espero unos minutos hasta que la lluvia cese, pero nada sucede. No me quiero mojar más y sé que debo regresar ahí adentro y soportar los comportamientos de Pedro. La puerta del coche se abre y él se sienta a mi lado. Lo miro de rejo y seco mi mejilla. Está empapado. Tiene su camisa mojada y se le marcan todos los músculos del pecho. Su pelo tiene muchas gotitas de lluvia. No puedo evitar decir que se ve hermoso… una lágrima escapa de mis ojos sin que lo note e interrumpe mi visión. Esto es tan frustrante.


–No quiero verte. –Espeto fríamente. –Vete.


–Tenemos que hablar, Paula.


–No podremos hablar jamás sobre esto, Pedro. No confías en mí, no haces lo que te pido, te comportas como un idiota sin sentido alguno. –Protesto y aparto mi cara cuando quiere acariciar mi mejilla. –Tú no eres así, jamás te vi tan celoso, ni siquiera sé porque te comportas de esa manera.


Se mueve incomodo y seca algunas gotas de lluvia de su rostro. Piensa una respuesta mientras que me mira fijamente. Suspira e intenta expresarse de manera correcta. 


Solo espero que piense lo que me dirá.


–He esperado un año, un año Paula, para poder tenerte solo para mí. Un año para que la confianza entre ambos fluya, he soñado con el momento en el que me decías que me querías unas cien veces, moría por abrazarte a cada instante, por besarte sin necesidad de fingir delante de los demás… yo te quiero Paula, te quiero más de lo que tú puedes ver y cuando por fin logro que estemos en la misma página descubro que tengo que compartirte con otro hombre…


–No me estás compartiendo, Pedro, entiéndelo. –Murmuro con un hilo de voz. Necesito que lo comprenda que Damian y yo solo somos amigos, que nada sucedió.


Coloca su mano sobre mi mejilla y con su pulgar corre los restos de rímel y delineador que se esparcieron debajo de mis ojos. Debo de verme completamente horrenda en este momento. No estoy llorando, no lloraré mas, él tiene que darme la razón, como siempre lo hace.


– ¿Tan importante es para ti? –Pregunta con la mirada perdida en mis ojos. Siento el dolor que expresa a través de sus palabras y eso me desconcierta.


Muevo mi cabeza a hacia cualquier dirección y coloco mis manos sobre mi rostro. Intento calmarme. ¿Cómo haré para responder a esa pregunta sin que sus celos mal interpreten todo? ¿Cómo se lo digo? ¡Mierda! Mi vida es una completa mierda.


–Es una amigo, Pedro. Me siento feliz, diferente cuando estoy con él. Me hace reír, me hizo comer una hamburguesa ¿entiendes eso? Me hizo sentir mejor cuando tú y yo discutimos una vez por teléfono. Cuidó de mí y me trató con respeto todo el tiempo… es mi primer amigo de verdad…


–Paula… –Me interrumpe en un susurro, pero no dejo que hable aun, necesito decir todo lo que siento o estallaré en cualquier momento.


– ¿Por qué no puedes dejar que sea mi amigo?


–Tengo miedo de perderte. –Confiesa avergonzado clavado su mirada en el suelo del coche.


Se me parte el corazón. Comprendo su miedo. Es ese sentimiento arrebatador que hace que tiemble por dentro, esa emoción extraña que me llena de tristeza cada vez que él y yo discutimos por algo sin sentido, cuando sé que está lejos de mí o simplemente cuando no lo tengo cerca. Muevo mis manos y las coloco a ambos lados de su cara. Su barba de varios días hace cosquillas sobre mi piel, pero al ver sus ojos brillosos y llenos de temor, me olvido de todo lo que nos rodea. Somos solo nosotros dos, estamos juntos en esto, en la misma página.


–Jamás vas a perderme, Pedro. Soy solo tuya. –Afirmo moviendo su cabeza para que me mire a los ojos. – ¿Lo recuerdas?


–Damian me enseño las fotografías que te tomó, Paula.


Sonrío y acaricio su mejilla. Necesito cambiar la situación.


– ¿Y qué opinas acerca de eso? –Cuestiono con curiosidad, mientras que me acerco a su rostro lentamente. Me muero por devorarme esos suaves y perfectos labios que son solo míos.


–Te veías muy feliz en todas ellas. –Responde intentando sonreír, pero fracasa rápidamente. Sé lo que piensa, pero no es si. No es lo que él está pensando. –Me gusta verte feliz, pero…


–Tú me haces feliz, Pedro. –Manifiesto inmediatamente. –Me haces feliz de todas las maneras posibles. Incluso cuando estamos peleados soy feliz. Jamás creí que mi vida sería tan emocionante, cambiaste todo, en el último mes todo se volvió extraño, hermoso, divertido y por eso te quiero, solo a ti.


Sonríe y me besa fugazmente. –Yo también te quiero.


Todo el miedo que se encontraba en su mirada se desvanece al paso de los segundos. Vuelvo a besarlo y lo rodeo con mis brazos. Su camisa moja levemente mi vestido y siento todos sus músculos haciendo presión sobre mí. No es el momento y tampoco el lugar, pero deseos llegar a casa y besar cada parte de su torso. Poso mis manos sobre su pecho y sonrío con malicia. Él frunce el ceño y mira hacia ambos lados del estacionamiento.


–Oh, preciosa… estamos en un estacionamiento. –Me dice con una sonrisa divertida que expresa negación al mismo tiempo. Me muevo y me coloco a horcajadas sobre él. No me importa nada. Lo bueno de las peleas son las reconciliaciones.


Tomo los bordes de mi vestido color azul oscuro y los elevo hasta mi cintura. La Paula pervertida acaba de despertar.


–Pueden vernos. –Me advierte en un susurro, pero no me importa, no podrá resistirse. Nunca lo hace.


–Que nos vean entonces. –Susurro sensualmente sobre su oído. –Eso lo hace mucho más divertido, cariño…


Luego de unos minutos salvajes y divertidos Pedro y yo entramos al restaurante tomados de la mano. Estamos un poco empapados y sudados, pero nadie sabrá lo de ‘sudados’ porque la lluvia lo disimula muy bien, lo cual es bueno. Sonrío de oreja a oreja y me siento en frente de Damian que parece más relajado que antes. Le lanzo una mirada para decirle que todo está bien y me sonríe levemente. Pedro se sienta mi lado y los tres comenzamos a comer las hamburguesas y las patatas. Paula me habla tranquilamente sobre su fin de semana y su entrevista de trabajo, ignorando a Pedro por completo. Sigo el hilo de la charla y observo de reojo a mi esposo de vez en cuando e intento integrarlo a la conversación.


– ¿Te gusta el futbol, Damian?–Cuestiono pretendiendo hacer que se conozcan mejor. Quiero encontrar algo que tengan en común sin mencionar el odio mutuo e innecesario que tienen entre ambos.


–Claro, me encanta el futbol. –Exclama mientras que intenta que la mitad de su hamburguesa no se caiga de su boca. Es asqueroso, pero es un gesto muy Damian. Mi esposo lo mira de reojo, pero se ve interesado en la conversación. ¡Sí! 


Hombres y futbol son una buena combinación en estos momentos.


– ¿De verdad te gusta el futbol? –Cuestiona Pedro.


–Sí. –Responde sonriente. –Me encanta el futbol europeo, he visto todos los campeonatos. Me fascinan los partidos del Barcelona o el Manchester United. Son geniales.


Sonrío ampliamente y Pedro también. Él ama al equipo de futbol Manchester. Comienzo aprestar atención a su conversación sobre partidos y penales y todo ese tipo de cosas que no me interesan. Ambos se ríen juntos. Oh, mi dios, están riendo juntos… ¡lo logré! Funcionó…







CAPITULO 37 (PRIMERA PARTE)




Sale del coche y cierra la puerta de un portazo. Patea la rueda delantera y observa el daño del automóvil detenidamente. Toma el celular de su bolsillo y se aleja unos metros. No hay ni un solo vehículo en los alrededores y la iluminación es escaza. Me quito el cinturón y luego abro la puerta y me bajo. Necesito un poco de aire, necesito respirar o me volveré completamente loca. Mi cabeza sigue doliendo y aun tengo nauseas. No debí de beber de esa manera, pero ahora lo más importante es intentar explicarle a Pedro que esto no es lo que él cree. Debo decirle lo que sucedió.


Me acerco cautelosamente y lo escucho hablar de mala manera con alguien por teléfono. Cuelga la llamada y cuando se voltea, choca conmigo y parece algo sorprendido. No sé cómo empezar a hablar, necesito que me diga algo, necesito que me demuestre cuáles son sus sentimientos en este momento además del enojo que se apodera de sus sentidos. Estoy confundida y me siento culpable de algo que jamás hice.


– ¿Podemos hablar? –Digo en un vago intento por entablar la conversación que es inevitable.


–No hablaré contigo, Paula. –Me dice duramente. –Regresa al coche.


–Escúchame, Pedro, escúchame por favor. –Suplico como pocas veces lo he hecho en mi vida. La culpa me consume y verlo de esta manera me convierte en una maldita débil. –No es lo que tú crees, jamás te fui infiel, jamás lo haría… –Murmuro intentando aligerar la tensión del ambiente y también los pensamientos que surcan por su cabeza atormentándolo a él y a mí de maneras desiguales.


–Iba a besarte, Paula. –Sumita clavando sus ojos sobre los míos. Veo dolor, enfado, disgusto. Es como si lo hubiera traicionado. Arruiné algo perfecto sin siquiera notarlo. –Ese tipo iba a besarte, iba a sentir tus labios, iba a hacerlo, tu eres mia…


Demasiado tarde.


Mis ojos están inundados de lágrimas y una de ellas se escapa inevitablemente. Verlo así me duele mucho más de lo que me lo podría haber imaginado alguna vez. Me quiere, lo quiero ¿Por qué todo es así de complicado? Jamás lo engañaría y él lo sabe, fue un desliz, un paso en falso, pero pude evitarlo, Pedro lo evito. ¿Yo habría detenido a Damian si me hubiese besado? No sé la respuesta y por eso me siento como una maldita perra. Pedro tiene razón, lo soy de cierta forma.


–Es solo un amigo. –Siseo con la voz entrecortada. –Es el que me tomó una fotografía el día de la fiesta, pero de verdad no lo conocía en ese momento. Yo…


– ¿Qué hacia contigo? ¿Por qué? Dime que sucede entre ambos, dime que sientes por él. –Su voz resuena desesperada y cargada de miedo. Verlo así me rompe el corazón, me siento como una jodida hija de puta. Le hice daño…


Pedro, por favor no pienses lo que sé qué piensas. No es nadie importante. –Digo con seguridad. Necesito decirle que él es lo más importante que tengo en la vida, pero sé que no es buen momento porque él no me creerá. –Se llama Damian y es solo un amigo.


– ¿Un amigo? –Cuestiona con una leve risita irónica en sus labios que hace que mi mal humor y mis deseos de golpearlo se incrementen dentro de todo mi ser. No me gusta su juego y tampoco pretendo seguir sus reglas. Estoy siendo sincera y a cambio recibí burlas y risitas sin sentido. – ¿Cómo lo conoces? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Desde cuándo sales con esa mierda? ¿Qué demonios te sucede? Ni siquiera conoces a ese tipo, eres una inconsciente. Me fui a España y seguramente te veías con ese hombre. ¿Qué haría yo si algo te sucediera? ¿Qué no tienes conciencia? –Grita hacia mi dirección.


– ¡Somos amigos!


–Un amigo que intentó besarte, que intento besar a mi esposa. Eso no es un amigo, Paula. –Prosigue fríamente. 


Coloca ambas manos en los bolsillos de sus pantalones y me observa lascivamente.


– ¡A la mierda lo que pienses, Alfonso! –Exclamo furiosa. – ¡Vete al maldito demonio! estoy intentando pedirte disculpas cuando ni siquiera hice nada malo y tú te comportas como un detestable y completo idiota.


Me volteo hacia mi lado contrario y camino pisando fuerte sobre el asfalto. No sé a dónde iré pero no a casa, eso es seguro. No quiero verlo por varios días, no volveré a pedirle disculpas, ni siquiera lo intentaré. Esto se acabó y es completamente definitivo. Ya no somos nada. El mes romántico y especial se esfuminó como por arte de magia.


– ¡Paula! –Grita a pocos metros de mí. – ¡Regresa aquí, ahora!


Me volteo a medias y lo reto con la mirada. No funcionará, conmigo.


– ¡Púdrete Alfonso! –Grito y sigo caminando. Escucho sus pasos apresurados detrás de mí, pero no me volteo y tampoco me detengo. Si quiere venir detrás de mí, que lo haga, pero por más que lo intente nada funcionará. Pedro está molesto y yo estoy molesta.


Él me toma del brazo con fuerza y hace que me voltee hacia su dirección. Choco con su torso y siento como me toma de la cintura con una mano, agarra mi cuello y aprisiona mis labios con los suyos desesperadamente. Me toma desprevenida, hunde su lengua en mi boca y muerde mi labio inferior.


–Me vuelves loco, Paula. –Murmura colocándola palma de su mano en la curva de mi trasero apretándolo levemente. –Me vuelves loco de todas las maneras posibles.


Reacciono rápidamente y la Paula pervertida y excitada que está en mi interior se despierta y comienza a ser quien realmente es. Todo se transformo ágilmente. Y no estoy molesta, ni siquiera recuerdo porque peleábamos.


Paso mis manos por su pelo y lo revuelvo mientras que nos besamos. Comienza a caminar y sigo sus pasos torpemente sin separarme de sus labios. Gimo cuando siento el metal del coche sobre mi espalda y su cuerpo muy cerca del mío. 


Su erección choca con mi bajo vientre y enloquezco. Mis manos viajan hacia su pecho y así como estamos, en medio de la autopista casi vacía, comienzo a desprender los botones de su camisa.


Nos movemos y abro la puerta del auto. Nos introducimos dentro torpemente. Levanta mi vestido hasta que se arruga en mi cintura, se sienta, desprende sus pantalones y luego rompe mi ropa interior como un completo salvaje. Mi respiración es entrecortada y cuando me coloco a horcajadas sobre él, golpeo mi cabeza con el techo y ambos reímos ligeramente.



– ¿Estás bien? –Cuestiona con una sonrisa. Sonrío y asiento levemente con la cabeza, me baja la parte de arriba del vestido y pasa su boca por uno de mis senos al descubierto. 


Inclino mi cabeza hacia atrás y suelto un gemido cuando su lengua recorre la aureola que rodea mis pezones. Oh, mierda. ¿Esto de verdad está sucediendo? ¿O aun sigo borracha e imagino cosas?


–Creí que estabas enfadado. –Jadeo.


–Aun estoy enfadado. –Me responde.


No me importa que este molesto. Al demonio todo. Quiero tener el control de nuevo.


–Dame tu teléfono. –Le ordeno con voz ronca. Él frunce el ceño, vuelvo a pedírselo y cuando me lo da, veo en la pantalla nuestra fotografía juntos. Toco un par de botones y I got you comienza a sonar dentro del coche.


Se mueve, me eleva unos centímetros hacia arriba y luego me penetra lentamente. Su miembro se introduce en mí y me hace enloquecer. Siento como me llena en el interior y como mi estomago se siente un poco presionado por la posición en la que estamos. Oh, dios, esto es fantástico. Adapto mis piernas a su cuerpo y luego arranco los botones que me quedan sin desabrochar de su camisa blanca. Lamo su pecho una y otra vez y luego el comienza a deslizarse avivadamente.


–No confías en mí. –Musito entre jadeos llenos de placer. 


Apoyo mis manos en sus hombros y dejo que mis tetas reboten en su cara incesantemente.


–Confío en ti. –Afirma con la mandíbula apretada. Deja caer su cabeza entre mis pechos y besa mi tórax levemente. –No confío en él, no confío en ningún otro hombre. Cuando se trata de ti, todos son mis enemigos.


Mi corazón late fuertemente dentro de mi pecho. Tomo su cara con ambas manos y acaricio su mejilla lenta y delicadamente. Dejo que me bese, que me toque, permito que me haga lo que quiera. Soy suya, aun estoy algo disgustada, el también, pero así somos. Soy suya, el es mío, solo mío.


–Eres mía. Solo mía. –Afirma. Me penetra con más fuerza y hace que lo mire fijamente. –Solo mia y que te quede muy claro ¿De acuerdo?


–Sí, de acuerdo, soy tuya. –Digo una y otra vez. Estoy volviéndome desquiciada. Sus movimientos me hacen vibrar y su manera de tocarme me provoca más deseo y excitación del que ya siento.


And when you need a place to run to –Canto sensualmente sobre su oído derecho mientras que nos movemos juntos al ritmo de la canción que resuena en los parlantes del coche.


 –For better or worse… –El me sonríe y acaricia mi cara desesperadamente. Me siento en el cielo de nuevo. Si podemos superar esto podremos superar lo que sea. Sé que volverá a molestarse, pero lo bueno es que ya es como hacerlo entrar en razón.


I got you… –Canta sobre mi oído con una sonrisa que me arrebata todos los sentidos y hace que el cielo no sea nada comprado con este momento y este lugar.


I got you, Pedro.