martes, 5 de septiembre de 2017
CAPITULO 37 (PRIMERA PARTE)
Sale del coche y cierra la puerta de un portazo. Patea la rueda delantera y observa el daño del automóvil detenidamente. Toma el celular de su bolsillo y se aleja unos metros. No hay ni un solo vehículo en los alrededores y la iluminación es escaza. Me quito el cinturón y luego abro la puerta y me bajo. Necesito un poco de aire, necesito respirar o me volveré completamente loca. Mi cabeza sigue doliendo y aun tengo nauseas. No debí de beber de esa manera, pero ahora lo más importante es intentar explicarle a Pedro que esto no es lo que él cree. Debo decirle lo que sucedió.
Me acerco cautelosamente y lo escucho hablar de mala manera con alguien por teléfono. Cuelga la llamada y cuando se voltea, choca conmigo y parece algo sorprendido. No sé cómo empezar a hablar, necesito que me diga algo, necesito que me demuestre cuáles son sus sentimientos en este momento además del enojo que se apodera de sus sentidos. Estoy confundida y me siento culpable de algo que jamás hice.
– ¿Podemos hablar? –Digo en un vago intento por entablar la conversación que es inevitable.
–No hablaré contigo, Paula. –Me dice duramente. –Regresa al coche.
–Escúchame, Pedro, escúchame por favor. –Suplico como pocas veces lo he hecho en mi vida. La culpa me consume y verlo de esta manera me convierte en una maldita débil. –No es lo que tú crees, jamás te fui infiel, jamás lo haría… –Murmuro intentando aligerar la tensión del ambiente y también los pensamientos que surcan por su cabeza atormentándolo a él y a mí de maneras desiguales.
–Iba a besarte, Paula. –Sumita clavando sus ojos sobre los míos. Veo dolor, enfado, disgusto. Es como si lo hubiera traicionado. Arruiné algo perfecto sin siquiera notarlo. –Ese tipo iba a besarte, iba a sentir tus labios, iba a hacerlo, tu eres mia…
Demasiado tarde.
Mis ojos están inundados de lágrimas y una de ellas se escapa inevitablemente. Verlo así me duele mucho más de lo que me lo podría haber imaginado alguna vez. Me quiere, lo quiero ¿Por qué todo es así de complicado? Jamás lo engañaría y él lo sabe, fue un desliz, un paso en falso, pero pude evitarlo, Pedro lo evito. ¿Yo habría detenido a Damian si me hubiese besado? No sé la respuesta y por eso me siento como una maldita perra. Pedro tiene razón, lo soy de cierta forma.
–Es solo un amigo. –Siseo con la voz entrecortada. –Es el que me tomó una fotografía el día de la fiesta, pero de verdad no lo conocía en ese momento. Yo…
– ¿Qué hacia contigo? ¿Por qué? Dime que sucede entre ambos, dime que sientes por él. –Su voz resuena desesperada y cargada de miedo. Verlo así me rompe el corazón, me siento como una jodida hija de puta. Le hice daño…
–Pedro, por favor no pienses lo que sé qué piensas. No es nadie importante. –Digo con seguridad. Necesito decirle que él es lo más importante que tengo en la vida, pero sé que no es buen momento porque él no me creerá. –Se llama Damian y es solo un amigo.
– ¿Un amigo? –Cuestiona con una leve risita irónica en sus labios que hace que mi mal humor y mis deseos de golpearlo se incrementen dentro de todo mi ser. No me gusta su juego y tampoco pretendo seguir sus reglas. Estoy siendo sincera y a cambio recibí burlas y risitas sin sentido. – ¿Cómo lo conoces? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Desde cuándo sales con esa mierda? ¿Qué demonios te sucede? Ni siquiera conoces a ese tipo, eres una inconsciente. Me fui a España y seguramente te veías con ese hombre. ¿Qué haría yo si algo te sucediera? ¿Qué no tienes conciencia? –Grita hacia mi dirección.
– ¡Somos amigos!
–Un amigo que intentó besarte, que intento besar a mi esposa. Eso no es un amigo, Paula. –Prosigue fríamente.
Coloca ambas manos en los bolsillos de sus pantalones y me observa lascivamente.
– ¡A la mierda lo que pienses, Alfonso! –Exclamo furiosa. – ¡Vete al maldito demonio! estoy intentando pedirte disculpas cuando ni siquiera hice nada malo y tú te comportas como un detestable y completo idiota.
Me volteo hacia mi lado contrario y camino pisando fuerte sobre el asfalto. No sé a dónde iré pero no a casa, eso es seguro. No quiero verlo por varios días, no volveré a pedirle disculpas, ni siquiera lo intentaré. Esto se acabó y es completamente definitivo. Ya no somos nada. El mes romántico y especial se esfuminó como por arte de magia.
– ¡Paula! –Grita a pocos metros de mí. – ¡Regresa aquí, ahora!
Me volteo a medias y lo reto con la mirada. No funcionará, conmigo.
– ¡Púdrete Alfonso! –Grito y sigo caminando. Escucho sus pasos apresurados detrás de mí, pero no me volteo y tampoco me detengo. Si quiere venir detrás de mí, que lo haga, pero por más que lo intente nada funcionará. Pedro está molesto y yo estoy molesta.
Él me toma del brazo con fuerza y hace que me voltee hacia su dirección. Choco con su torso y siento como me toma de la cintura con una mano, agarra mi cuello y aprisiona mis labios con los suyos desesperadamente. Me toma desprevenida, hunde su lengua en mi boca y muerde mi labio inferior.
–Me vuelves loco, Paula. –Murmura colocándola palma de su mano en la curva de mi trasero apretándolo levemente. –Me vuelves loco de todas las maneras posibles.
Reacciono rápidamente y la Paula pervertida y excitada que está en mi interior se despierta y comienza a ser quien realmente es. Todo se transformo ágilmente. Y no estoy molesta, ni siquiera recuerdo porque peleábamos.
Paso mis manos por su pelo y lo revuelvo mientras que nos besamos. Comienza a caminar y sigo sus pasos torpemente sin separarme de sus labios. Gimo cuando siento el metal del coche sobre mi espalda y su cuerpo muy cerca del mío.
Su erección choca con mi bajo vientre y enloquezco. Mis manos viajan hacia su pecho y así como estamos, en medio de la autopista casi vacía, comienzo a desprender los botones de su camisa.
Nos movemos y abro la puerta del auto. Nos introducimos dentro torpemente. Levanta mi vestido hasta que se arruga en mi cintura, se sienta, desprende sus pantalones y luego rompe mi ropa interior como un completo salvaje. Mi respiración es entrecortada y cuando me coloco a horcajadas sobre él, golpeo mi cabeza con el techo y ambos reímos ligeramente.
– ¿Estás bien? –Cuestiona con una sonrisa. Sonrío y asiento levemente con la cabeza, me baja la parte de arriba del vestido y pasa su boca por uno de mis senos al descubierto.
Inclino mi cabeza hacia atrás y suelto un gemido cuando su lengua recorre la aureola que rodea mis pezones. Oh, mierda. ¿Esto de verdad está sucediendo? ¿O aun sigo borracha e imagino cosas?
–Creí que estabas enfadado. –Jadeo.
–Aun estoy enfadado. –Me responde.
No me importa que este molesto. Al demonio todo. Quiero tener el control de nuevo.
–Dame tu teléfono. –Le ordeno con voz ronca. Él frunce el ceño, vuelvo a pedírselo y cuando me lo da, veo en la pantalla nuestra fotografía juntos. Toco un par de botones y I got you comienza a sonar dentro del coche.
Se mueve, me eleva unos centímetros hacia arriba y luego me penetra lentamente. Su miembro se introduce en mí y me hace enloquecer. Siento como me llena en el interior y como mi estomago se siente un poco presionado por la posición en la que estamos. Oh, dios, esto es fantástico. Adapto mis piernas a su cuerpo y luego arranco los botones que me quedan sin desabrochar de su camisa blanca. Lamo su pecho una y otra vez y luego el comienza a deslizarse avivadamente.
–No confías en mí. –Musito entre jadeos llenos de placer.
Apoyo mis manos en sus hombros y dejo que mis tetas reboten en su cara incesantemente.
–Confío en ti. –Afirma con la mandíbula apretada. Deja caer su cabeza entre mis pechos y besa mi tórax levemente. –No confío en él, no confío en ningún otro hombre. Cuando se trata de ti, todos son mis enemigos.
Mi corazón late fuertemente dentro de mi pecho. Tomo su cara con ambas manos y acaricio su mejilla lenta y delicadamente. Dejo que me bese, que me toque, permito que me haga lo que quiera. Soy suya, aun estoy algo disgustada, el también, pero así somos. Soy suya, el es mío, solo mío.
–Eres mía. Solo mía. –Afirma. Me penetra con más fuerza y hace que lo mire fijamente. –Solo mia y que te quede muy claro ¿De acuerdo?
–Sí, de acuerdo, soy tuya. –Digo una y otra vez. Estoy volviéndome desquiciada. Sus movimientos me hacen vibrar y su manera de tocarme me provoca más deseo y excitación del que ya siento.
–And when you need a place to run to –Canto sensualmente sobre su oído derecho mientras que nos movemos juntos al ritmo de la canción que resuena en los parlantes del coche.
–For better or worse… –El me sonríe y acaricia mi cara desesperadamente. Me siento en el cielo de nuevo. Si podemos superar esto podremos superar lo que sea. Sé que volverá a molestarse, pero lo bueno es que ya es como hacerlo entrar en razón.
–I got you… –Canta sobre mi oído con una sonrisa que me arrebata todos los sentidos y hace que el cielo no sea nada comprado con este momento y este lugar.
–I got you, Pedro.
CAPITULO 36 (PRIMERA PARTE)
Entro a Funclub y la música ensordece mis oídos. Me siento completamente diferente y mi corazón late rápidamente.
Siento adrenalina en las venas. Estoy haciendo algo muy malo y tendré mis consecuencias. Observo el lugar pero hay demasiada gente, será casi un milagro si encuentro a Damian en este lugar. Es mucho más grande, más elegante y divertido que las veces en las que venía antes de casarme.
Tomorrowland comparado con este lugar no es nada.
Avanzo entre la gente y creo mi propio camino. Hay más hombres que mujeres lo cual me resulta mucho más divertido. Lanzo miradas sensuales y una sonrisa brillante a todos los que me observan con la boca abierta. Si, lo sé, soy hermosa y tal vez soy lo más precioso del lugar, pero no es necesario que babeen, chicos.
Me muevo levemente mientras que me dirijo hacia la barra.
Pienso beber hasta que me canse. Pedro se arrepentirá por lo que me hace intencionalmente. ¿Qué no entiende que no quiero compartirlo con nadie? Es mío, solo mío y de nadie más. Debería de estar conmigo en este mismo momento y no en un estúpido partido de futbol. Lo detesto tanto a veces que lo quiero mucho mas… no tiene sentido.
– ¿Qué te sirvo, hermosa? –Pregunta un hombre alto, de gran complexión física con una camisa negra y unos brazos para morirse. Aparto un mechón de cabello hacia atrás como toda una diva y sonrió. Me siento en el taburete recubierto por cuero negro y cruzo las piernas en dirección a un grupo de hombres que me observa detenidamente.
–Dame algo que me vuelva loca. –Le digo entre gritos para que me oiga sobre la música electrónica que se apodera de todos mis sentidos. Me siento como una adolescente, como cuando tenía diecisiete y escapaba de casa y me infiltraba en estos lugares para hacer desastre. Oh, Pedro… si supieras lo que nos espera a ambos…
El chico se voltea y disimuladamente observo su trasero. A mí nadie me puede engañar, todas las mujeres lo hacen y muchas veces no son consientes de ello. Es algo divertido y para nada vergonzoso. Si los hombres hacen eso ¿Por qué las mujeres no pueden hacerlo, también? Mmm… tiene buen trasero, aunque el cuerpo desnudo de Pedro se me viene a la mente rápidamente. Sí, quiero su cuerpo de nuevo…
¡Mierda!
Tiende una bebida color rosa delante de mí con unos leves colores naranjas en medio. Frunzo el ceño, pero sin preguntar qué es lo bebo rápidamente. Es delicioso. Mi garganta quema, pero sinceramente me importa una mierda.
La Paula rebelde de años atrás está de regreso. Pienso hacer lo que se me antoje.
Bebo todo el contenido de mi vaso y siento como el alcohol comienza a hacer efecto en mi interior.
– ¡Oh, mi dios! –Exclamo emocionada. – ¡Cuida mi bolso, guapo!
Me vuelvo completamente loca, dejo mi bolso sobre la barra y corro a la pista de baile cuando una canción de Icona pop comienza a sonar en todo el lugar haciendo que el suelo vibre y que todos bailen animadamente. Oh, acabo de convertirme, siento algo estremecedor en el pecho y comienzo a bailar cuando todo parece estallar. Me muevo de un lado al otro como jamás lo hice en toda mi vida. Unas chicas se acercan a mí y hacemos un grupo de baile rápidamente. Mas gente se suma a nuestra ronda y ahora veo a hombres de mi edad bailando y saltando. Es increíble, me rio sin motivo alguno y bebo de los vasos de finas bebidas que me ofrecen.
¡Que Pedro se joda!
Me muevo de un lado al otro y siento como dos manos me toman de la cintura, me volteo rápidamente con una sonrisa en el rostro y veo a Damian vistiendo su camisa a cuadros color celeste y su pantalón de jean gastado como casi todas las veces en las que nos hemos visto. Me lanzo a sus brazos y lo abrazo fuertemente.
– ¡Viniste! –Grito animada. Me siento completamente feliz. Él acaricia la curva de mi cintura y cuando todo estalla de nuevo empezamos a movernos al compás de todos los demás que saltan de un lado al otro como si no hubiese un mañana. Es una verdadera fiesta. – ¿Cómo me encontraste? –Exclamo acercándome a su oído para que me oiga. Sonríe y baila a mi lado.
–Fácil, nena, buscaba a la más hermosa del lugar.
Sonrío ampliamente y beso su mejilla. Él toma mi mano y seguimos bailando. Conseguí olvidarme de todo y de todos. Soy solo yo, solo Paula, la que siempre quiero ser, sin nada que fingir, sin mentiras. Todo es perfecto.
– ¡Muévete, nena! –Grita y comenzamos a saltar con todos los demás. No sé cómo lo hago con tacones, pero todo lo hago bien, así que eso podría dar una explicación a todo. Me rio sin motivo y dejo que Damian me abrace y me tome de la cintura en determinadas ocasiones. No me molesta, sé que le estoy dando demasiada confianza, pero me siento bien y ya sabe que solo somos amigos. No tengo porque preocuparme. Todo está bajo control como siempre.
Bebo mi cuarto vaso y empiezo a sentir como los líquidos rebotan en algún lugar de mi cuerpo. Estoy completamente feliz y algo perdida. Me tambaleo a un lado sin notarlo y Damian me toma con delicadeza para que no me caiga.
Sonrío y beso su mejilla de nuevo.
–Otro. –Le digo al chico que atiende la barra. El hace una mueca, pero prepara rápidamente lo que le pido.
Tomo mi celular para hacer algo de tiempo. Veo la pantalla y debo hacer fuerza para no dejar que mi mandíbula toque el suelo. Estoy sorprendida. Tengo diecisiete mensajes de Pedro, más de veinte llamadas perdidas y nueve mensajes de voz. Oh, mi dios. Debe de estar enloqueciendo.
Decido abrir un mensaje al azar para ver que tan enojado está.
*¡MALDITA SEA PAULA CHAVES! ¿DONDE MIERDA ESTÁS?*
Suelto una carcajada que dura más de treinta segundos. Si, está enfadado, muy enfadado. Ya no soy Paula Alfonso, su esposa, ahora soy Paula Chaves. Oh, cariñito…
El chico regresa con mi jugo, Me lo entrega y dejo otro billete de cincuenta sobre la mesada. Lo toma y sigue con su trabajo. Voy a beberlo, pero Damian me lo quita de las manos y niega con la cabeza en señal de desaprobación.
–Creo que ya has bebido por hoy, nena. –Espeta duramente.
¿Qué? Oh, cariño, a mi no me das ordenes y tampoco sugerencias. No las necesito.
–No me digas lo que debo hacer.
–Por favor, nena… –Me implora. –Puedes divertirte sin tener que beber de esta manera.
Le arrebato el vaso y bebo de su contenido sin importarme lo que me diga o lo que intente hacer para que deje de beber.
Haré lo que se me antoja. ¿Quién se cree que es?
–Eres igual a mi esposo. –Siseo. –Crees que tienes el control o crees que con un poco de confianza puedes ejercer algún poder sobre mí… –Murmuro acercándome a su boca.
–Pero… ¿sabes qué? nadie puede controlarme, Damian, nadie…
Me alejo un par de pasos y le entrego mi vaso vacio a uno de los chicos que bailaban antes conmigo. Me muevo hacia la tarima y me subo en ella. Ya es demasiado tarde, no me importa más nada. Acabo de perder el juicio y la cordura, esta noche será diferente. Todos me aplauden y veo a la multitud observándome impaciente, mueren por saber que haré. Me siento fantástica, oigo gritos de aliento por encima de la música y muchos halagos. Sí, soy hermosa, lo sé… comienzo a moverme de un lago al otro y todos estallan en gritos de felicidad y emoción. Bailan junto a mi solo que yo estoy en una posición mayor, los observo desde arriba como si ellos estuviesen a mi disposición, soy la reina aquí.
Bailo, me muevo, sonrío, sigo moviéndome y empiezo a perder la cordura. Me mareo un poco y veo como todo se mueve a mi alrededor, pero no me detengo, hay humo color rosa, luces que chocan con mi cara y un parlante hace que mis oídos tiemblen incesantemente. Nada me importa me estoy divirtiendo. Volteo mi cuerpo hacia mi lado contrario y ahora le bailo al publico de espaldas, a todos los hombres les encanta, percibo la envidia femenina en el lugar, me lanzan cuchillos en sus pensamientos y logro esquivarlos todos, soy mejor que ellas.
Siento una mano fría y grande sobre mi tobillo y me volteo rápidamente como un acto reflejo. Observo a Damian a uno metros de mí, me mira con mala cara e intenta hacerme entrar en razón.
– ¡Basta ya, Paula! –Grita saliéndose de control. Huy, otro que también se enojó. Genial… hoy es el día de ‘enfadémonos con Paula porque es una maldita perra’… si, me siento mal por eso, me doy lastima. ¡Mierda! ¿Qué me pasa? ¿Por qué ahora siento deseos de llorar?
– ¡Déjame en paz! –Exclamo intentando ser la Paula malvada que ha desaparecido de mi interior. Él niega con la cabeza, suspira, me toma desprevenida y me carga en sus hombros. Grito, lloriqueo, pataleo como una niña de tres años y golpeo su hombro, pero él no se detiene, cruza toda la discoteca y percibo en mi interior como la furia se apodera de mí. Estoy completamente humillada, acaba de humillarme delante de medio Londres… oh, mi dios, creo que ahora si lloraré.
Me suelta en el piso, me tambaleo un poco y rápidamente me toma de la cintura y apega su cuerpo al mío. Hacemos contacto visual e intento zafarme de su agarre. Estoy muy molesta, voy a golpearlo, por maldito e insolente. ¿Cómo pudo humillarme a si? A mi… Paula Alfonso.
–Cálmate, Paula. Estás completamente, borracha. –Me dice en un susurro, mientras que acerca su boca a la mia.
Observo cómo se contiene. Quiere besarme, quiere hacer lo que tuvo deseos de hacer desde que me conoció y me siento completamente estúpida como para poder detenerlo.
Tal vez si me besa, el enfado se marcha.
– ¡Suéltala hijo de puta! –Grita Pedro entrometiéndose entre ambos. Me paralizo y solo logro ver como Pedro golpea la nariz de Damian hasta que sangre sale fluidamente de ella.
– ¿Qué mierda te pasa? –Cuestiona Damian limpiando la sangre de su nariz que también se derrama por su camisa. Parece desconcertado y su mirada se posa en mí para comprobar que estoy bien.
– ¡Es mi esposa, maldito! –Grita y se lanza sobre Damian nuevamente que se defiende y también golpea a Pedro en el mentón. Todos se detienen y observan la situación con incertidumbre y sorpresa. Me siento completamente humillada.
Intento moverme pero estoy completamente asustada. Mi esposo parece una bestia sin control, está cegado por los celos. Malinterpreto lo que estaba sucediendo aquí y sé que todo será un completo desastre. ¿Qué mierda ha hecho?
Oh, maldición, acabo de arruinarlo todo. ¿Cómo puedo ser tan estúpida? Lo inevitable está sucediendo… estoy en problemas…
– ¡Basta, Pedro! –Chillo acercándome a su cuerpo y tomo su brazo para que se detenga. – ¡Estás fuera de control!
– ¿Fuera de control? –Pregunta exasperado. Hago contacto visual con él y sé que está furioso, desquiciado, completamente fuera de sí, no es mi Pedro. –No sé dónde estás y cuando te encuentro ¡te veo a solo unos centímetros de un tipo! ¡Te comportas como una perra!
Mi boca se abre ligeramente y siento como mi corazón se rompe en mi interior. No puedo creer que esté pensando en eso. ¿Cómo se lo explico? ¿Tengo que darle explicaciones? Me llamó perra… eso es mucho peor. Siento un leve mareo y me tambaleo hacia un lado al punto de casi caer al suelo, pero Pedro me toma con furia y me saca del lugar a rastras.
– ¡Me estás haciendo daño! –Grito cuando corremos hacia su coche. – ¿Qué sucederá con mi auto? –Pregunto. No sé donde deje el mío, pero está más que claro que a él no le importa.
–Cállate. –Me ordena.
– ¡No me voy a callar!–Exclamo.
– ¡Bien! –Me dice elevando el tono de voz.
– ¡Bien! –Grito.
No dice nada, sigue apretando mi brazo con todas sus fuerzas como ya lo hizo una vez. Suelto un sollozo y él me coloca bruscamente dentro de su coche. Mi cabeza comienza a dar vueltas y cuando el automóvil acelera rápidamente por la desierta autopista, percibo algo extraño que sube por mi garganta. Voy a vomitar si no se detiene, me siento fatal, estoy molesta, disgustada, me siento como una idiota y Pedro solo empeora las cosas. Sé que intentar solucionar esto será en vano. No hay solución. Lo inevitable sucedió y ya no hay más de ‘en la misma página’ todo se volverá frío y distante como antes.
–Basta, Pedro. Detente por favor. –Le suplico con la voz entrecortada. Me tiro hacia atrás en el asiento y percibo como mi estomago se revuelve una y otra vez. Mierda ¿Por qué me descontrolé así? No puedo tener el control sobre mi misma y me siento patética. Parezco una adolescente. – ¡Pedro! –Grito eufóricamente porque no me hace caso. Parece perdido en sus pensamientos, su mandíbula está tensa y sus manos aprietan el volante al igual que el acelerador. Nos va a matar si sigue así. – ¡Detente!
– ¡Cierra la boca, Paula! –Grita perdiendo el control. El coche se tambalea de un lado al otro y un estruendo hace que me mueva hacia a delante y luego hacia atrás. Si no fuera por el cinturón de seguridad estaría saliendo del auto.
Pedro golpea al volante y suelta un reguero de insultos hacia todo Londres. Elevo la mirada y veo como el vehículo está hecho pedazos en la parte de adelante por causa de uno de los faroles de luz de la autopista. Oh, mierda. Esto no está nada bien. El coche… el coche más caro que tenemos
Miro a Pedro y Pedro me mira a mí. Parece molesto pero también asustado, me observa detenidamente para comprobar que nada me sucedió y cuando presiento que se acercara a abrazarme o algo así, no lo hace.
lunes, 4 de septiembre de 2017
CAPITULO 35 (PRIMERA PARTE)
Es viernes, por fin llegó el día, por fin se acerca el fin de semana. Más Pedro solo para mí. Aun no puedo creer que él y yo estuvimos todo el día de jueves juntos y además de eso hoy también faltó al trabajo. Si sigue así voy a acostumbrarme a esto y no podré separarme de él, pero sé que la magia se romperá cuando llegue el lunes en la mañana. Estoy ansiosa por saber que haremos esta noche.
Debe de ser especial y divertido, quiero sexo como el de hoy en la mañana y también como el de la tarde, pero que sea mucho mejor. Con Pedro siempre lo es.
En la mañana luego de nuestro sexo de buenos días desayunamos juntos y en seguida me fui a ver a Damian.
Escogimos las fotos para su portfolio rápidamente y al acabar con el café y con lo que tenía que hacer, asistí a una nueva clase de cocina y aprendí a preparar cobertura para hacer lemon pie y creo que si lo intento resultará sensacional. Después regresé de nuevo con mi esposo y me enorgullecí al verlo comiendo de mi pastel mientras que escribía algo en su computadora. Fueron horas completamente perfectas que quiero volver a vivir. Me olvidé de todo tipo de problemas, estábamos solos en el mundo, sin nada que pueda molestarnos.
Bajo las escaleras y voy a buscarlo. En la ultima hora recibió demasiadas llamadas de la empresa y entiendo porque. Ha estado ausente en dos días y todo debe de ser un completo desastre. Es por eso que yo prefiero no saber demasiado sobre su empleo, debe de ser estresante y aburrido.
Recorro el pasillo y entro a su despacho. Se ve completamente concentrado en la pantalla de su portátil y no nota mi presencia. Lo observo detenidamente, luce perfecto, me siento como una adolescente y suspiro por cualquier cosa.
Eleva la mirada, me ve, sonríe, cierra su computador, luego se pone de pie, camina hacia mí y besa mis labios castamente.
–Hola.
–Hola. –Responde.
Me observa detenidamente y acaricia el dorso de mi brazo con delicadeza. Cierro los ojos, coloco mi mejilla sobre su pecho, Siento su aroma, suspiro y lo abrazo.
–Te ves hermosa. –Susurra sobre mi oído derecho. –Muy hermosa.
Sonrío, acaricio su cara, desprendo los primeros botones de su camisa. Observo su pecho y deposito un beso sobre él. Quiero sexo, mas sexo, quiero que esté a mi lado en nuestra cama.
– ¿Qué haremos hoy?
Parece pensativo y cuando está a punto de responder, su bendito teléfono suena e interrumpe mi momento y desconcentra la atención de mí.
–Dame un minuto, preciosa. –Murmura tomando su teléfono celular del bolsillo de su pantalón. Suelta un bufido y pone los ojos en blanco, me rio y luego observo como contesta su llamada.
–Pedro. –Dice con la voz cargada de seguridad a modo de saludo. –Oh, eres un maldito… –Musita sonriente. Debe de ser alguno de sus amigos de la empresa o algo así porque habla con demasiada familiaridad. –Claro, seguramente podré ir… sí creo que es genial… estoy con mi esposa, pero los veré en una hora… bien, adiós.
Cuelga la llamada y siento como la decepción me invade. Si, sabía que duraría poco tiempo y aquí está, la magia ya se rompió antes del lunes. Se marcha con no sé quién y va a dejarme sola, completamente sola un viernes en la noche.
Me siento completamente molesta, no me agrada que quiera marcharse a no sé donde sin mí. Mi Paula interior se muere de celos y de enfado. ¿Por qué tiene que aceptar las invitaciones de sus amigos? ¿A dónde demonios va? ¿Por qué me siento completamente insegura en este momento?
–Cariño, era Dario y acaba de invitarme a un partido de futbol esta noche.
Frunzo el ceño y me cruzo de brazos, pero no… Él no debe saber que me molesta que salga con sus amiguitos a hacer no se qué cosas. Tengo que jugar mejor el juego que él, debo de ser más astuta.
–Un partido de futbol… –Digo de manera pausada como si estuviese procesando el significado de esas palabras en mi mente.
–Sí, es en una hora. Pero si quieres puedo esperar y salimos a cenar. –Sugiere no muy convencido. –Tú escoges.
Sí, claro que yo escojo, cariño. Siempre lo hago, soy la que tiene el control absoluto en esta relación, yo doy órdenes y decido. Y lo que decido es que quiero que Pedro sufra por ser tan tonto y dejarme completamente sola. Me las pagará como no tiene idea. Mis planes de sexo se terminan aquí, pero mi plan de ‘arrepiéntete’ está a punto de comenzar. Me coloco mi máscara de ‘todo está bajo control’ y me acerco a él sin prisa alguna.
–Descuida, Pedro. Ve si quieres, llamaré a una de mis compañeras de cocina y la invitaré a beber algo por ahí.
Frunce el ceño no muy contento con mi idea, pero la aceptara de todos modos.
–No creo que sea bueno que salgas sola. –Dice como si intentase buscar la excusa perfecta para decirme que no.
Pero, fracasa, a mí nadie me dice que no y menos él.
–Ve a tu partido y yo me reuniré con alguna de mis compañeras. –Insisto para que ya no moleste. Se arrepentirá por lo que está haciendo. No volverá a dejarme sola jamás. –Te prometo que me cuidaré y regresaré temprano. –Murmuro acercando mi boca hacia la suya. Mis tácticas de seducción jamás han fallado y no fallaran. Estoy cien por ciento segura de lo que hago.
Pedro se va de la casa y percibo el vacio y el odio en mi interior. Acaba de renunciar a su esposa para pasar un maldito momento con sus estúpidos amigo a los cual no tolero del todo. Es mi esposo, es completamente mío y hoy debo compartirlo. Genial. Mi autoestima está por lo más bajo que jamás ha estado y me siento patética. ‘Amiga’ supuestamente saldré con una amiga, pero no tengo amigas.
Así que no sé que haré. Quiero venganza. No estoy para nada feliz. Todo es un completo desastre y estoy muy disgustada, quiero que se moleste, que se enfade, que vaya detrás de mí.
Tomo mi celular y marco el número de Damian. Espero a que conteste y cuando lo hace una elevada sonrisa se escapa de mis labios. Se perfectamente lo que haré y como siempre todo lo que hago lo hago bien, así que sé lo que Pedro dirá cuando se entere de mi travesura.
–Nena. –Dice alegremente.
– ¿Qué harás esta noche?
– ¿Por qué? –Pregunta y sé que debe de estar frunciendo el ceño. Necesito explicarle el motivo de todo. Estoy muy molesta y quiero cambiar eso, pero Damian no…
Mierda. Odio dar explicaciones. No es lo mío. Me saca de quicio tener que hablar de más. Estoy dándole una orden o algo así, no es tan complicado.
–Estoy en la suite del hotel. –Me responde con obviedad. Sí, tengo que hacerlo. Debo hacerlo o no funcionará.
– ¿Quieres hacer algo hoy? Estaba pensando en ir a un club muy bueno en el centro.
Me siento completamente humillada. Paula Chaves, Alfonso pidiéndole a un hombre que la acompañe a algún lugar. Es completamente ridículo, jamás me lo hubiese imaginado de esta manera.
–Creí que estabas con tu esposo. –Espeta levemente. Si eso creí también hasta que decidió hacerse el esposo rebelde y escapar con sus estúpidos amigos a un partido de futbol sin sentido. Futbol, odio ese deporte, siempre es un obstáculo.
–No voy a tolerar tus preguntas estúpidas. Estaré en Funclub en el centro en una hora. Si no vas te jodes y si decides acompañarme la pasaras genial. –Murmuro secamente.
Cuelgo la llamada y subo las escaleras con rapidez. Estoy completamente molesta y haré que Pedro se moleste y se arrepienta de todo lo que está haciendo.
Busco en mi armario algo que ponerme. Hace más de un año que no salgo a lugares como esos. Siempre quise regresar a ese increíble sitio disco junto a Pedro, pero jamás me atreví a sugerirle un lugar así. Antes no había tanta confianza como ahora.
Revuelvo cientos de piezas de ropa, pero no encuentro nada que sea lo suficientemente bueno para mi nuevo debut, para que Pedro se moleste y se vuelva loco de los celos. Quiero que enloquezca. Algo negro es lo adecuado, pero debe de ser lo suficientemente bueno y sexy. Tal vez ese vestido que compre para nuestro aniversario y nunca lo utilice porque terminamos peleando por una estupidez. Si, ese vestido es el correcto. Lo busco entre las cajas de colores de la repisa más alta y cuando lo encuentro lo quito de su empaque y lo observo delante del espejo. Es corto, tiene la espalda sumamente escotada y favorece el contorno de mi cintura y la curva de mi trasero. Si, es perfecto. Me desnudo y me lo coloco rápidamente. Tacones negros, maquillaje, algo de perfume, el pelo suelto y sigo viéndome hermosa. Tengo una mirada cargada de diversión y molestia al mismo tiempo. Sé que será sumamente divertido. Espero que Damian me acompañe y si no lo hace entonces las cosas si se saldrán de control. Me observo de nuevo. Oh, sí. La Paula mala y pervertida está lista para todo.
Me tomo una fotografía de cuerpo entero y se la envío a mi esposo. Espero unos segundos hasta que responda, pero no lo hace. Es estúpido. ¿Porque no responde? Está en línea y ni siquiera está escribiéndome. Tal vez debe de estar en shock. Oh, sí. Me siento mucho mejor. Mi Paula malvada se apodera de mí por completo.
Mi celular suena y sonrío ampliamente. Pedro está llamándome y debe de estar molesto y excitado.
–Hola, cariño –Digo sonriente.
–Nunca tuve objeciones a tu manera de vestir, Paula, pero no te permito que uses ese vestido.
Oh, cariño, es tan dulce cuando está molesto.
– ¿No te gusta mi vestido? –Cuestiono fingiendo voz de inocencia y tristeza, pero me muero de risa por dentro. –Creí que te gustaría mi vestido. Lo compré hace mucho tiempo para ti, pero decidiste poner a tus amigos en primer lugar…
–Paula. Es un vestido demasiado corto y provocador, recuerda que estás casada.
–Siempre recuerdo que estoy casada, cariño. Si me hubieses escogido en vez de tu partido de futbol podrías tenerme entre tus brazos, yo podría estar gimiendo y gritando debajo de ti. –Mi voz resuena sensualmente al otro lado de la línea, me éxito en mi interior, pero por fuera me mantengo el control. Lo oigo bufar y percibo su respiración algo más agitada. Arrepentirse de lo que ha hecho será poco.
–Paula, cariño, por favor… –Me implora entrecortadamente.
–Tú y yo podríamos estar juntos, desnudos y disfrutando de nuestros cuerpos sin parar… yo podría estar gimiendo tu nombre una y otra vez…
–Paula. Quítate ese vestido y espéreme desnuda en la cama. –Me pide. –Por favor.
Oh, no. Cariñito, eso no funcionará ahora. Ya me he convertido en la villana y no dejaré que me confunda.
–Es demasiado tarde para dar órdenes. –Siseo quitando un mechón de cabello de mi rostro. Sonrío y me hecho una última mirada en el espejo. Esta noche será muy, pero muy divertida. – Ahora tengo el control, Pedro, siempre lo tengo.
– ¡Paula! –Grita desesperadamente. – ¡Sales de esa puta casa vestida así y estarás en problemas! –Protesta furioso al otro lado de la línea.
–Disfruta el futbol, amorcito. –Me rio fuertemente y cuelgo la llamada.
La peor noche de Pedro está dando inicio a la noche más maravillosa para mí…
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