miércoles, 30 de agosto de 2017

CAPITULO 17 (PRIMERA PARTE)




Abro los ojos y el sol de la mañana hace que vuelva a cerrarlos de nuevo. Estiro mi mano y siento el colchón mullido a mi lado. Pedro no está. Me volteo hacia el otro lado y observo detenidamente las puertas de la tienda individual. 


Su maleta gris de tamaño medio reposa a un lado. 


Se marcha, se va a España por no sé cuantos días…


Sonrío al ver que todas las compras que realizamos ayer ya están en casa. Paquetes y cajas de todos los tamaños y colores esperan por mí para que los abra. Tengo mucha ropa nueva que estrenar.


Me pongo de pie y estiro la sábana blanca y la enredo en mi cuerpo. Camino hacia todos mis regalos nuevos y tomo lo primero que está a mi alcance. Es un camisón de seda brillosa color crema. Lo dejo a un lado y esta vez tomo entre manos en babydoll color negro que a Pedro tanto le fascino el día de ayer. Al recordar lo que sucedió en ese probador, la piel se me pone de gallina, fue delicioso, placentero y único.


Pedro abre la puerta de la habitación y al verme sonríe. Trae la bandeja de desayuno entre sus manos y un look muy casual. Aún es temprano, seguramente las ocho o nueve, no estoy segura.



–Buen día. –Me dice dejando el desayuno sobre el colchón.


–Buen día–Le respondo en el mismo tono alegre. Me pongo de pie y con cuidado para no tropezar con la sabana y caerme me acerco a él. Beso sus labios en señal y luego rodeo la cama y me siento con la espalda pegada al cabezal de madera tallada.


– ¿Desayuno?–Pregunta señalando la charola llena de comida... Mmm... Comida. ¿Hace cuanto que no como exactamente? Ni siquiera toque mi almuerzo ayer a medio día.


–Sí, estoy hambrienta. –Murmuro. Él se mueve galantemente hacia la pantalla de plasma ubicada a unos pocos metros de la cama, la enciende y luego toma el control remoto y hace algo con la programación.


Observo la bandeja. Hay de todo, pero solo se me antojan frutas. Tomo una fresa y la muerdo. Sabe deliciosa.


Pedro se sienta a mi lado y oprime el botón de playa en la pantalla. Un fondo negro se hace presente y luego una suave melodía. La foto de mi rostro en blanco y negro con una sonrisa se proyecta en el plasma, luego la de Pedro y sé lo que estamos viendo.


–El video de nuestra boda...–Murmuro con la mirada clavada en el televisor. Pedro sonríe a mi lado y toma un pedazo de pastel.


Vemos en silencio el video. Las primeras escenas son como una especie de detrás de cámaras del gran día. Aparezco yo con mi vestido de novia en la suite de la residencia mientras que los estilistas peinan mi cabello. Sonrío a la cámara y le envió un beso. Parezco sincera, pero sé que muy en el fondo es una gran máscara, ¿Estaba feliz porque me casaba con Pedro o porque era millonaria de nuevo?



La siguiente imagen es de Pedro cuando entra a la iglesia, parece nervioso mientras que saluda a todos los invitados. La cámara hace un paneo general desde las alturas al gran e inmenso templo minado de gente rica. Luego una sucesión de fotos desprevenidas y otra vez la pantalla en negro.


– ¿Porque vemos esto?–Pregunto hacia su dirección.


–Quiero que te des cuenta de algo. –Me dice en un tono dulce y prometedor. –Esta parte es aburrida. –Avanza la película y la ceremonia sucede en cámara rápida. Me rio al ver la velocidad con la que nos movemos. Se detiene cuando la fiesta comienza.


–Aquí está– dice señalando la pantalla. Tomo otra fresa y la meto en mi boca.


–Con ustedes, el señor y la señora Alfonso. –Grita con emoción en animador de la boda. Ingresamos al salón tomados de la mano y ambos sonreímos ampliamente. 


Todos se ponen de pie y nos aplauden.



Go ahead and say goodbye
I'll be all right.
Go ahead and make my cry
All be all right
And when a need to place
To run to for better or worse
I got you…


Lo miro de reojo y veo que sonríe. Ahora comprendo todo, la canción que cantaba en el coche al día de ayer, era la misma canción que escogieron para la entrada de nuestra boda.



–Ahora sabes porque me gusta tanto esa canción. –Sisea con una sonrisa de lado.


Siento algo en el pecho y de pronto siento deseos de llorar. 


Pedro es muy dulce y me provoca emociones que no sé como describir. Dejo la fresa a medio comer en el tazón y me lanzo a sus brazos.


Lo tomo desprevenido y cuando lo hago mancho las sabanas con la crema del pastel. El ríe y luego deja todo a un lado. Me quito las sabanas y le enseño mi desnudez. Oh, sí. La Paula pervertida ha regresado y está dispuesta a todo.


– ¿Quieres fresas?–Le pregunto tomando una. Él me mira expectante y yo paso la puntita de la fruta por sus labios. 


Abre la boca e intenta morderla, pero se la quito y la muerdo yo. Ríe y me contempla con los ojos centellantes.


– ¿Está jugando conmigo, señora Alfonso?–Pregunta de manera divertida. Muerdo lo que resta de la fresa y asiento con la cabeza. –Señora Alfonso… que hermoso suena eso.


– ¿Quiere que juegue, señor Alfonso? –Pregunto acercando mis labios a la comisura de los suyos. Él sonríe como pocas veces lo he visto luego niega con la cabeza.


Detiene el video y deja el control remoto sobre la mesita de noche. Me muevo por el colchón con cuidado de no derribar nada de la bandeja. Me siento a horcajadas de él y quito su sweater y luego su camiseta rápidamente. Veo la sonrisa en su rostro y eso me incita hacer más, mucho más. Contemplo su torso desnudo y luego tomo otra fresa. Unto la crema de chocolate que cubre el pastel y luego con la punta mancho su pecho. Cierra los ojos rápidamente, le gusta y a mí también me gustara. Muevo mi cabeza hacia abajo y con mi lengua lamo la parte cubierta de crema. Oigo un gruñido, pero no me detengo. Mis manos acarician ambos lados de sus bíceps mientras que mi lengua recorre su pecho y asciende hasta su cuello. Nuestras miradas se cruzan y no dudo ni un segundo en hundir mis manos en su cabello. 


Muevo mi boca y nuestras lenguas se encuentran.



Muevo mis labios y el sigue mi ritmo. Los besos de antes son remplazados por nuevos y muy diferentes a los anteriores. 


Acerco más mi cuerpo el suyo y muevo mi cabeza a medida que nuestras bocas se encuentran. Él muerde mi labio inferior en determinadas ocasiones y acaricia su lengua con la mía. Tengo los ojos cerrados a su totalidad y solo me concentro en disfrutar de lo que estoy sintiendo. Sus manos se aferran a mis caderas y sus dedos se clavan en mi piel. 


Nos separamos para tomar un poco de aire y mientras que yo lo hago el inunda su cara en mi cuello y vuelve a besar mi delicada piel. Estoy excitada, siento su excitación ahí abajo, también y eso solo provoca que me encienda mucho más. 


Muerdo mi labio inferior cuando muerde mi piel con sus dientes. Sus manos ahora acarician mis brazos con delicadeza. Se mueve hacia adelante y recuesta mi cuerpo sobre el colchón. Mima mis senos con la punta de su nariz, tomo su cabeza entre mis manos y abro los ojos. El techo de la habitación es mi distracción. Abro la boca ligeramente mientras que su lengua recorre la piel que rodea mi pezón derecho. Oh, dios…


Acaricia mi rostro con delicadeza y luego acerca su cara a la mía. –Espérame un segundo. –Me dice con dulzura. –Ya regreso.


Se pone de pie y con el torso desnudo sale de la habitación. 


Oigo su trote repiqueteando por el pasillo y luego como baja las escaleras. No me muevo. Si dijo que ya regresa debe ser por algo que valdrá la pena. Sigo mirando el techo. Lo necesito, no quiero que se vaya, sé lo que me sucede, pero no quiero y no puedo decirlo. Esto no está bien. Se suponía que era un convenio. No debía enamorarme de él. Y lo hice… lo hice tal vez mucho tiempo atrás y recién ahora lo noto.


Pedro regresa a la habitación y me enseña un cilindro de metal con espray. Es crema batida, de esas que utilizan las criadas para hacer el pastel. Su sonrisa es malévola y sé lo que tiene en mente. Despejo de mi mente los pensamientos anteriores y me pongo de pie. Camino hacia su dirección y se la quito de las manos.



–La que manda aquí soy yo. –Musito besando la comisura de sus labios. Mi voz suena seductora y autoritaria. Él sonríe, pero no se queja. Me acerco a su oído y luego de morder el lóbulo de su oreja y oírlo jadear, digo:
–Desnúdate.


Me alejo de él y luego lo observo. Me mira dudoso, pero se quita en cinturón y lo arroja hacia alguna dirección. Baja el cierre de su pantalón negro y se lo quita, veo su erección prominente y sonrío.


Oh, Paula. Lo has logrado otra vez.


Me acerco y con una mano tomo el borde su bóxer. 


Introduzco mi mano dentro sin apartar mi mirada de la suya. 


Luego comienzo a bajarlo y cuando su miembro se libera, me volteo de espaldas y me coloco a los pies de la cama.


–Acuéstate. –Le digo contorneando mis caderas hacia el armario. Tengo una fantástica idea y la cumpliré antes de que se vaya. Regreso con lo que necesito entre las mano y el eleva la cabeza para verme. Me acerco con un andar sensual y me subo a horcajadas sobre su abdomen. Tomo el pañuelo de seda color rojo y cubro sus ojos. Él no se niega. 


Está dispuesto a todo y me encanta tener el control.


–Puedes tocarme, pero si ensucias las sabanas, se acaba el juego, ¿Entiendes?


–Sí. –Responde.


La Paula traviesa que llevo en mi interior sale a flote. Tomo la crema batida y trazo una línea vertical que comienza en su ombligo y termina a la altura de sus costillas. Paso mi lengua sobre la parte que tiene crema batida lentamente. Oigo un jadeo y sonrío. Me gusta esto. Rápidamente oprimo el envase y más crema cae sobre la parte su pecho. Mi punto especifico será sus pezones ¿tendrá el mismo efecto que tiene en mi? Espero que sí. Me inclino y luego chupo. Gruñe y me toma con fuerza de las caderas.


–Paula…–Susurra con la voz ronca. Oh, sí. Adoro como mi nombre se oye de esa manera. Repito la acción con el otro pezón y lo mismo sucede, pero esta vez mucho más despacio que la anterior. Tengo una sonrisa malévola impresa en mi rostro y es porque soy una chica mala… así me siento. Me toma rápidamente y cambiamos de posición. 


Ahora estoy debajo de su cuerpo. Se quita la venda y la arroja a un lado. Parece agresivo, salvaje...Pero no me molesta.


–Creo que también merezco probar el postre, Paula. –Susurra tomando el espray de mis manos. Se vuelve y cruzo mis tobillos sobre su trasero. Su erección está a solo unos centímetros de mí. Se mueve y me penetra rápidamente. 


Suelto un jadeo que...


–Oh… Pedro.


Coloca un poco de crema batida sobre si pezón derecho y luego posiciona su boca sobre él. Su lengua retira todo el líquido espeso de color blanco y luego siento como chupa. 


Oh, mierda. Jadeo y cierro los ojos, clavo mis uñas en su espalda y él se mueve hacia adelante un par de veces. La lentitud con la que lo hace provoca que algunos gemidos escapen y me desespero. Elevo mi pelvis para que sea más profundo, el sonríe y luego atrapa mis labios. Comienza a moverse y a medida que los segundos pasan, acelera el ritmo. Cada vez es más duro y delicioso.


– ¡Oh, cielo! –Exclama entre jadeos. Le clavo las uñas aun más fuerte y sigo besando sus labios. Nos movemos arriba y abajo, pero no es como antes, es muy diferente. Divertido y… caliente. Sus labios sueltan los míos y mientras que nos movemos el recorre mis hombros y mi cuello con su boca. 


Suspiro y jadeo. Chillo cuando mis piernas se tensan. Sé que está cerca. Soy una débil en ese sentido. Con una de sus manos toma mi cintura con fuerza y como si fuese aun más posible aproxima nuestro cuerpo. Piel con piel…



Acelera el ritmo y no se detiene hasta que grito sin importarme por nada. Que me oigan todos en la casa. Estoy teniendo sexo mañanero con MI esposo.


Pedro sonríe sobre mis labios cuando acabamos juntos. 


Siento como todo su semen me invade y no me preocupo.


Acabo de tener un sexo extremadamente fantástico. Sonrío sobre mis labios y luego me besa. Aun sigue moviéndose, pero el ritmo desciende. Paso mis manos por detrás de su cabeza y las dejo quietas sobre su cuello. Él me mira directo a los ojos y nuevamente siento esa conexión especial entre ambos.


–Eres mi diamante más valioso, Paula. –Murmura con ternura. Una de sus manos acaricia mi cabello y luego recorre mi mejilla con la punta de su nariz. Me siento en el cielo. Jamás había oído algo tan dulce salir de su boca. Mis oídos y todo mi ser se sienten maravillados. –Nunca lo olvides.


La Paula enamorada que llevo dentro es liberada de su jaula, sale hacia el escenario sin ningún tipo de máscara y baila en dirección al público invisible.


No sé que responder a eso. Soy muy mala con los cumplidos.


Sonrío y beso sus labios. Necesito hacer tiempo. Debo decir algo. Pienso en todas sus cualidades, en su manera de ser, pero simplemente sé que mi respuesta se resume en dos palabras, que no me atrevo a decirlas aun.


–No quiero que te marches. –Murmuro con sinceridad. Ahora que lo pienso, nunca me gusto que se vaya, pero es su trabajo. Oh, genial, me molesté con él. Acaricia mi cabello y luego estira el edredón para cubrir nuestros cuerpos desnudos. Se mueve y sale de mí. Cierro los ojos cuando no siento más nada en mi interior y luego dejo que mi cuerpo descanse sobre su pecho.



–Regresaré en tres días. –Murmura besando mi coronilla. Sé que no quiere irse, pero debe hacerlo, tengo que ser comprensiva. – voy a extrañarte. –Muevo mi cabeza y mi vista se clava en la pantalla de plasma.


–Jamás tuvimos noche de bodas. –Murmuro distraídamente. Acaricia mi hombro con una de sus manos y luego me acerca sus labios a los míos. –Tampoco tuvimos luna de miel, ni cruzamos el umbral y toda esa mierda de recién casados. –Espeto comenzando a molestarme. Antes ese tipo de cosas no me preocupaban, pero ahora sí.


Él sonríe de lado. 


– ¿te gustaría que hagamos todo eso?


–Tal vez, cuando regreses, tenga una sorpresa para ti. –Le digo con una sonrisa traviesa. El plan que acaba de surcar mi cerebro es genial. Sé lo que haré y solo espero que estos tres días pasen volando. No quiero extrañarlo y lo peor de todo es que estoy segura que lo haré.


–Te daré un diamante si me dices que planes tienes en mente. –Me dice de manera juguetona. Sonrío y luego le digo que no moviendo mi cabeza hacia un lado y luego al otro. Se pone de pie y contemplo su cuerpo desnudo por unos segundos. Me tiende la mano y sonríe. Frunzo el ceño ¿y ahora qué? –Ven, vamos a darnos una ducha. –Musita señalando la puerta del baño.


–No quiero darme un baño. –Chillo como si fuese una niña pequeña. Él se ríe levemente y luego jala de mi brazo hacia las afueras de la cama. Protesto y le pongo mala cara, pero me toma entre brazos y le da un leve golpe a mi trasero.


–Mueve tu hermoso trasero. Ahora. –Me suelta en el piso y luego camino de mala manera hacia el interior del cuarto de baño. Pedro me sigue y luego la puerta se cierra



Una hora y media después bajo las escaleras de mármol. 


Veo tres maletas ubicadas a unos pocos metros de la puerta de entrada. Una es de Pedro, la otra de Barent y la más grande y de color rosa debe ser de la secretaria de MI esposo. La vi un par de veces y no me agrada. Miro mi atuendo y sé que es el incorrecto. Oigo las voces de los tres en la sala de estar y corro escaleras arriba para cambiarme. 


El vestido que llevo no es lo suficientemente bueno como para poner a esa perra en su lugar mí esposo, mi casa, mi todo.


Luego a mi habitación y busco entre las bolsas de compras el vestido que a Pedro le fascino. Cuando lo encuentro, me desnudos y rápidamente me coloco el nuevo. Es un vestido corte Jackie color crema con maga tres cuartos, cuello recto y espalda descubierta. Tiene detalles de pedrería marrón brillante y combina a la perfección con los zapatos que llevo. 


Es algo corto, está muy por encima de mi rodilla, pero me veo hermosa de todas formas. Me hace ver como una chica de dieciocho años, pero a mi esposo le encantó y quiero que se sienta culpable por dejarme sola por tres días. Veo mi cabello. El pelo suelto no es lo correcto. Tomo algunos de mis accesorios y lo recojo en un moño desalineado, pero perfecto para la ocasión. Corro hacia la caja fuerte y remplazo mis aretes de perlas por los de diamante blanco que me regalo Pedro en san Valentín. Me miro al espejo y… oh, claro. El perfume. Casi lo olvido. Escojo el de Agatha y luego aplico labial rojo sangre en mis labios. Cuando sé que estoy más que perfecta, salgo con toda seguridad hacia el pasillo.


Luego a la sala de estar y por el ruido que producen mis tacones las tres personas se voltean a verme. Pedro abre la boca y me observa de pies a cabeza. Parece sorprendido. 


Barent sonríe y puedo ver esa mirada de padre orgulloso en sus ojos, en cambio ella solo me observa con una falsa sonrisa en su rostro.



–Buenos días. –Digo con mi mejor sonrisa. Pedro se pone de pie y me tiende la mano hacia su dirección. La tomo y luego hace que me voltee. Me contempla desde todos los ángulos posibles y mi ego se eleva hasta la cima del cielo.


–Te ves hermosa, cariño. –Murmura acercando su boca a mi oreja. Sonrío y luego beso sus labios apropósito. Observo de reojo a la secretaria, ¿Cómo se llamaba? Ah si... Charlotte. 


La detesto. Saludo a Barent y luego le lanzo una sonrisa falsa a esa mujer sentada sobre MI sillón, ¿Por qué debe acompañar a MI ESPOSO?


–Te ves magnifica, querida Paula. –Musita Barent con una sonrisa de oreja a oreja. Le sonrío como agradecimiento y finjo ser alguien humilde. Me siento al lado de Pedro y coloco mi mano sobre su muslo de manera muy posesiva. Él me rodea con el brazo y sonríe.


Barent comienza a hablar sobre el viaje y sobre miles de cosas que no me interesan. Finjo oír lo que dicen y me tomo mi tiempo para observarla. Es rubia, lleva el cabello rizado, una camisa blanca y una falda negra que se ajusta a su cuerpo con tacones altos. Es bonita, debo admitirlo, pero no me superará jamás. Tiene lo suyo y sus senos operados son más grandes que los míos, pero de todas formas no me siento intimidada. Es una simple empleada, como todas las demás. Soy la única, lo sé. Ella se ve intimidada por mi presencia y eso me da mucho gusto. Sonrío sin motivo alguno. Me siento feliz con lo que he logrado. Miro a Pedro de reojo y veo que me observa. Suelta una risita y luego acerca sus labios hacia mi mejilla. Su beso es sonoro y se oye por toda la habitación. Entrelazamos nuestras manos y luego comienzo a ser partícipe de la conversación. 


Hablamos sobre la boda de la hermana de Pedro y el tiempo transcurre rápidamente. Barent observa su reloj y llegado el momento, se pone de pie.


–Creo que es hora de irnos. –Anuncia elevando la voz. Oh, no. Llegó el momento. Jamás fui buena en las despedidas. O soy demasiado fría o demasiado sensible. Jamás se cómo puedo reaccionar. Es uno de mis defectos no admitidos.



Pedro se pone de, pie. Yo lo sigo y Charlotte me sigue a mí. 


Los cuatro estamos parados y nos sentimos un poco incómodos.


Barent es el primero en despedirse. –Paula. –Dice abrazándome– fue un placer conocerte, querida. –Murmura tomando mis manos entre las suyas firmemente. Sonrío y luego vuelvo a abrazarlo. Oh, dios. Como actriz soy excelente.


–Gracias a ti, Barent por tu visita. Fue un placer tenerte en casa.


Oh, dios. De verdad soy muy buena. Mis máscaras funcionan a la perfección. Él sonríe y parece afligido. En mi interior lo odio, me dejo sin sexo dos veces. No se lo he perdonado aún. –Y muchas gracias por el hermoso regalo. –Murmuro fingiendo tono de agradecimiento. Vuelve a abrazarme y luego observa a Pedro. Llegó el momento.


–Paula… –Dice Adrien tomándome de la mano con delicadeza. Me volteo en su dirección y lo miro a los ojos. No quiero despedirme. Trago el nudo que tengo en la garganta y observo cómo se mueve nervioso.


–Mejor les damos unos segundos a solas. –Dice Barent en dirección a la rubia. Ambos salen de la sala de estar y nos dejan a solas. Ahora sí, el ambiente se volvió tenso para mí, no sé qué decir. No tengo palabras.


Me aferro a su torso y cierro los ojos. Acaricia mi cabello y oigo como suspira. Sus bazos me rodean por completo y siento que algo me oprime el pecho. No voy a llorar, no ahora. Tal vez luego, pero no delante de él.


–Volveré en tres días. –Me dice en un susurro. Como si supiera lo que estoy sintiendo. Beso su mejilla, es lo único que puedo hacer. Luego acaricio sus hombros y toco su cabello, ¿Qué me sucede?



– ¿Por qué debes ir con ella? –Pregunto en dirección a la puerta de la habitación. Él sonríe divertido y mira hacia otro lado intentando comprimir sus emociones. Hago una mueca. 


No me agrada la idea de ella y él, tres días juntos.


– ¿Está celosa, señora Alfonso? –Pregunta tomando mi cintura, mientras que mueve las cejas. Pongo mala cara y me suelto de sus brazos. Si lo estoy, pero no lo admitiré jamás. El se mueve y rápidamente hace que me voltee en su dirección de nuevo. Besa mis labios sin que me lo espere, me toma por sorpresa, pero rápidamente sigo su manera de besar. Acaricio su cabello y libero las miles de mariposas que estaba encerradas en una red, dentro de mi estomago. 


Me dejo llevar por el momento. Es el beso de despedida. No, no quiero pensar que es una despedida, es solo un adiós por unos días. Lo voy a extrañar, lo sé.


Se aparta de mí y luego pega su frente a la mía.


–Recuerda que eres solo mía, ¿De acuerdo? Toda tu… –Me dice en un susurro. Me siento hipnotizada, hechizada y solo puedo mover mi cabeza en señal de afirmación. Mueve una de sus manos y toma su teléfono celular de su bolsillo. Lo coloca delate de mi y con su dedo toca la aplicación de la cámara. –Quiero una fotografía contigo antes de marcharme.  –Me pongo en posición y sonrío. Oprime la pantalla y el celular hace un sonidito. Luego me besa de improvisto y toma otra fotografía. Vuelve a besarme y luego me deja. Lo veo desaparecer por el pasillo. Toma su maleta y luego de unos minutos la casa se encuentra en silencio. Ya se fue. 


Estoy sola… de nuevo.


Pasan unos minutos y aun sigo de pie en la sala de estar. 


Muevo mi cabeza un par de veces para disipar mis pensamientos. Subo las escaleras y me voy a mi habitación. 


Comienzo a desenvolver todas las compras que realizamos ayer, pero mi celular me interrumpe. Es un mensaje de Pedro. Lo abro y sonrío al ver la fotografía que nos tomamos hace unos minutos. La descargo y la guardo en la galería. El teléfono suena de nuevo y la foto en la que nos besamos aparece en la pantalla con el mensaje de mi esposo.



*Es mi fondo de pantalla.*


Guardo la fotografía y luego respondo.


*También es el mío, entonces.*


Envío el mensaje y luego coloco la imagen como fondo de pantalla. Suelto mi celular sobre la mesita de noche y otra vez vuelve a sonar.


*Ve a la biblioteca*


Leo el mensaje una y otra vez y frunzo el ceño ¿Qué vaya a la biblioteca? ¿Y ahora que le pasa? Tecleo mi respuesta rápidamente.


*¿Qué?*


Su respuesta es inmediata.


*Solo ve*


Salgo de la habitación y camino hacia la biblioteca. La curiosidad invade cada poro de mi ser. Abro la puerta, entro al cuarto y la observo con detenimiento. Sonrío el ver un hermoso ramo de rosas blancas descansando sobre la mesa del centro de la habitación. Me acerco y las huelo. Su aroma es delicioso. Veo la tarjeta y la abro. Está escrita a puño y letra por Pedro.



‘Aunque no lo creas ya TE EXTRAÑO.
Y aunque jamás lo he dicho,
TE QUIERO, mi preciosa PAULA.
Pedro



Leo la tarjeta una y otra vez. Siento que mi corazón late fuertemente. Acaba de decirme que me quiere. Me regala rosas blancas, mis favoritas y me dice que me quiere. Sonrío de oreja a oreja. Tomo mi teléfono y marco su número. 


Suena un par de veces y cuando oigo su voz sonrío aun más.


– ¿Paula?


–También te quiero Pedro




CAPITULO 16 (PRIMERA PARTE)





Todo se ve en blanco y negro. No es del todo visible. Hay música, muy agradable, oigo los gritos de alegría y las risas de los mayores a la distancia. No debo acercarme, solo puedo observar. Todos lucen ropa fina y elegante. Mamá sale de la cocina con su uniforme y antes de tomar la bandeja llena de comida extraña se inclina hacia mí y me sonríe.


–Espérame aquí, Anabela. Ya regreso.


Asiento con la cabeza y la veo marcharse…


– Mamá…– Balbuceo mientras que me muevo de un lado al otro. Siento como mi corazón late muy fuerte y como mis ojos quieren abrirse. Me muevo, estoy sudada y las sabanas están empapadas. – mamá… –digo de nuevo inconscientemente. Hay algo que fluye de mis ojos y sé que son lágrimas. Mamá... Mi madre...


Abro los ojos exaltada y entro en pánico.


PedroPedro! ¡Ven! –grito desesperada. -¡Pedro!



Es como si viera fantasmas en la habitación.


La puerta de madera de mi habitación choca con la pared. 


Pedro entra a la habitación con pánico en su mirada. Al verme corre hacia la cama y se lanza sobre mí. Me toma entre sus brazos y oculta mi cara en su cuello. Sollozo sin contener ni una sola lágrima, él acaricia mi cabello y respira agitadamente como yo. Lloro y mojo su camiseta gris. 


Permanecemos en silencio mientras que oímos los gritos desesperados de Barent, mientas que entra a la habitación.


– ¿Qué sucede? –Pregunta asustado. Pedro le hace señas para que no grite. Permanece en silencio y yo aprieto con mis puños la tela de la camiseta de mi esposo como si pudiera desahogarme con solo ese simple e insignificante acto.


–Paula...–Murmura Pedro apegando su frente seca a la mía, que está empapada en sudor. Cierro los ojos e intento calmarme, el no sabe porque hago esto, jamás lo hablamos, pero no es la primera vez que sucede.


Pedro...–Murmuro clavando mi mirada en sus ojos brillosos y tristes. Él me abraza con dulzura mientras que con su mano aparta algunos mechones mojados de mi cara.


–Paula... Mi preciosa Paula. –Dice con el tono de voz cargado de dulzura. Me relajo en sus brazos y siento como mi respiración comienza a calmarse. Observo a Barent parado a un lado de la cama completamente confundido y siento mucha vergüenza. Que humillante.


–Paula tiene pesadillas, tío –Resopla mi esposo vagamente. 


Él asiente con la cabeza y luego de confirmar que estoy bien, se despide de ambos y se marcha. No necesitamos su ayuda, Pedro sabe cuidar de mí en estas circunstancias.


– ¿La misma pesadilla?–Pregunta en un susurro. Lo miro a los ojos y asiento levemente. No había vuelto a tener pesadillas en meses. Desde el último viaje de negocios de Pedro. Como el de dentro de unas pocas horas. Es mi debilidad. Mamá me dejo, siento que él me va a dejar y lo único que hago es recordar ese trágico día una y otra vez.


–Oh, Paula. Mi preciosa Paula. –Murmura con la voz entrecortada. Estoy muda, no tengo palabras, no sé qué decir. –Lo lamento mucho, cielo. –Me toma entre sus brazos y hunde su nariz en mi cuello. –Algún día tendrás que contarme cual es el motivo de todo esto, Paula. Me preocupas. Quiero cuidar de ti. Necesito saberlo.


Me aferro a su torso y lo abrazo muy fuerte, es la única manera en la que sé que podré calmarme. Cuando sucedió por primera vez él no estaba presente, la segunda vez se asusto tanto que hasta llamo a un médico, pero ahora, la tercera, sabe que solo lo necesito a él. Suena extraño que lo diga de esta manera, pero en unas pocas horas mis sentimientos fueron cobrando fuerzas y no quiero que se marche ni ahora ni nunca. Me siento como una idiota. Por primera vez la Paula sin máscaras admite algo de lo que no se siente muy orgullosa. Algo me sucede y todo es por causa de Pedro.


Él me carga en brazos cuando me siento más calmada. Me dirige hacia el baño y abre la ducha. Me acaricia el cabello y la cara mientras que observo como la tina se llena de a poco. Las burbujas y la espesa espuma comienzan a aparecer. El baño está inundado por el aroma a rosas y eso me relaja.


El agua llega a la mitad de la bañera y Pedro se pone de pie. Sigo sus movimientos y con delicadeza el comienza a retirar la remera de algodón, color pastel, que llevo puesta. 


Observa mis pechos desnudos por unos segundos y luego baja su mirada hacía mi vientre. Quiero saber que piensa, pero me veo incapaz de hablar. Me baja el short a conjunto y luego me quita mi bombacha. Me tiende su mano y con delicadeza hace que me introduzca en la tina. El agua tiene una temperatura agradable que hace que mis nervios desciendan. La bañera aun está muy vacía. Pedro se coloca de rodillas sobre el frío piso de cerámica al otro lado de la tina y con la esponja hace descender un reguero de agua tibia por ella. Es delicado, dulce y me hace sentir bien. La esponja frota mi piel con delicadeza. Solo hemos hecho esto una vez sin contar la de ahora y a mí me funciono. Pero sé que en este momento todo es diferente. Sus manos recorren la piel de mis hombros y apartan el cabello algo molesto. 


Meneo la cabeza al disfrutar la sensación de su piel con la mía. Suspiro y luego relajo los hombros.


–Metete a la tina conmigo. –Le suplico con un hilo de voz. Él besa mi hombro derecho ligeramente y siento como se desnuda detrás de mí. Con el rabillo del ojo observo como su camiseta y sus pantalones caen al suelo en silencio.


Se mueve y luego introduce su cuerpo dentro de la bañera, el agua se eleva y la espuma cubre por completo mis senos.


–Voltéate. –Me ordena autoritario, pero aun así no deja de ser dulce. Lo hago y luego flexiono las rodillas y le doy la espalda. El comienza a mojar mi piel lentamente. Cierro los ojos, me gusta lo que estoy sintiendo. Sus dedos son suaves y me transmiten un agradable cosquilleo que se fusiona con el agua provocando una leve corriente estática sobre mí. 


Estira su brazo y toma un poco de shampoo. Lo aplica sobre sus manos y luego comienza a masajear mi cabeza. Huelo aroma a manzanas y hierbas. Siento más espuma sobre mi cuerpo y los dedos de el masajeando mi cuero cabelludo.


– ¿Te sientes mejor?–Cuestiona en un susurro. Asiento levemente y luego muevo mi cabeza a un lado para darle más acceso a sus manos. ¿Que estamos haciendo?  ¿Porque me siento malditamente especial? ¿Porque siento alivio al saber que aun sigue aquí? ¿Qué está ocurriendo con nosotros?


–Gracias por hacer esto. –Musito en el silencio de la habitación. Solo oigo el ruido de agua cayendo por mi cuerpo y los movimientos de Pedro.


–Haría lo que sea por ti, Paula. –Sisea con una sonrisa, no puedo verlo pero sé que lo hace.



–Eres demasiado bueno conmigo. –Recalco honestamente. Es la verdad. –Y en cambio me comporto como una perra contigo.


–No digas eso, cielo. Tienes un carácter algo difícil, pero... ¿Te confieso algo?–Cuestiona seductoramente sobre mi oído derecho.


– ¿Qué?–Pregunto curiosa.


– Me encanta...


Suelto una risita y percibo como mí pecho se hincha de orgullo y felicidad. El ambiente ya no es tenso y tampoco perturbador. Es agradable y amistoso.


Moja mi cabello y quita la espuma de él, es muy bueno con lo que hace. Mi cabello seguramente olerá bien y se sentirá sedoso.


–He notado que me dices cielo muchas veces. ¿Porque lo haces?


Esa pregunta yo tampoco me la esperaba, pero necesito saber la respuesta. Suspira mientras que masajea con la palma de sus manos mi espalda.


–Me gusta llamarte así, cielo o cariño, suena mucho mejor y mas... No sé... Natural.


– ¿Natural?–Cuestiono frunciendo el ceño.


–Sí. Natural. Es mucho más dulce que decirte querida o algo así.


Ah. Claro. Ahora lo entiendo.


Sonrío ampliamente y luego con mi trasero volteo mi cuerpo hacia su dirección. Lo observo por unos segundos. Está desnudo, mojado y se ve muy hermoso. Es guapo, jamás dije lo contrario, simplemente era demasiado testaruda para admitirlo.



–Ya estas lista, cielo. –Dice apartando los gruesos mechones de cabello mojado de mi cara. Sonrío y luego me muevo hacia su cuerpo. Me siento sobre sus piernas y dejo que mi cabeza descanse en su hombro.


– ¿Tienes sueño?–Pregunta en un susurro. Digo que si con la cabeza una vez y él me toma por las piernas y la cintura y se pone de pie. El agua cae por todas partes, eleva una pierna y la coloca al otro lado de la bañera, realiza la misma acción otra vez y me deposita en el piso. Mis pies se mueven inquietos por el frío del mármol. Toma una toalla y se la envuelve en la cintura, comienza a secar mi pelo y luego mi cuerpo yo simplemente permanezco en silencio, me gusta lo que hace.


Espero con calma que seque mi cabello con el secador. Me siento más relajada y tranquila. Cuando acaba besa mi cuello y me toma la mano. Caminamos hasta la habitación y él se quita la toalla y la arroja a un lado. Veo su desnudes y me quedo hipnotizada. Su cuerpo es perfecto, torneado y deseable. No Paula, ahora no es el momento. Miro el reloj de la mesita de noche. Son casi las cinco de la mañana. Tal vez sea mejor descansar y esperar por sexo en unas horas.


Me acerco y corro el edredón, él se acuesta y cubre su cuerpo con las sabanas. Estamos desnudos y esto será peligroso. Lo sé, lo presiento.


Me abraza por detrás y posa sus manos en mi vientre. Me acurruco sobre su cuerpo y siento su erección sobre mi piel. No, esto es peligroso. Besa mi coronilla y luego acaricia mi estomago.


–Aunque te deseo aquí y ahora, no estás en condiciones, Paula. –Me dice con calma y sensatez. Le digo que sí. Que estoy de acuerdo y beso sus labios y suspiro un par de veces. Estira el brazo y apaga el velador de la mesita de noche. La habitación se oscurece y solo la luz de la noche nos ilumina.



– ¿Tendremos sexo en la mañana, verdad?– pregunto con inocencia. Lo oigo reír sonoramente a mis espaldas y eso me provoca risa. Fue una pregunta muy tonta. Siento que mis mejillas arden y son conscientes de lo absurdo de mi pregunta.


–Claro que lo haremos, cariño. –Besa mis labios, sonríe y luego reposa su cabeza sobre la almohada.


–Buenas noches, Pedro. –Murmuro con voz somnolienta.


–Descansa, mi preciosa Paula...